Capítulo 19

Pie de Guerra

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El IP en pie de guerra

Factor QIV del test 16PF.

[...] agresivo…” (25).

Factor QIV del test 16PF.

[...] belicoso…” (25).

Efectivamente, el IP se ve a sí mismo como alguien que vive en pie de guerra.

Carácter paranoico. Caso clínico.

“Siendo todavía un niño, me sentí horriblemente solo y extraño, sin saber por qué. ¿Puede ser porque mis padres eran pobres, o porque no nací como todo el mundo?... Cuando por casualidad me encontraba con otros niños no me mezclaba casi nunca en sus juegos. Me gustaba mantenerme apartado, mirarles con mis ojos verdes y serios de juez y de enemigo. No era envidia sino más bien desprecio lo que entonces experimentaba. En aquella época comenzó la guerra entre yo mismo y los hombres...” (14).

Esta belicosidad es la que hace que el IP tenga frecuentes altercados -con su entorno cercano o con desconocidos- que pueden producirle problemas con la Ley (en los tests psicométricos los IP reconocen haber tenido problemas legales con una frecuencia superior al resto de la población).

Paranoia. Caso clínico.

“D. parte a la cárcel sin olvidarse de sí mismo: sus pruebas le servirán para verificar su ‘valor intrínseco propio’; demostrará que un hombre digno de ese título ha de triunfar sobre todos los obstáculos, para sí mismo y para dar ejemplo.
Contable en un taller del penitenciario, rehúsa secundar las malversaciones del empresario, le lee la cartilla y es reemplazado esa misma tarde.
Reducido a la ociosidad, aprovecha para solicitar la extracción de una bala alojada en su brazo enfermo. Rechazado. La administración, menospreciando el interés de D. ignora el de la sociedad, que necesita brazos válidos.
D. intenta mantener correspondencia con la Liga de derechos del hombre, dirige reclamaciones al ministerio de justicia. Resultado: es el primero de una lista de cabezotas a relegar al ‘módulo separado’.
En la cárcel pone al director en su sitio. Coste: quince días de reclusión. Pero ha dado a todos ‘un ejemplo de lo que puede el sentimiento de la justicia cuando uno lo conserva’.

Recidiva: treinta días en la celda de castigo.

Embarca, llega a St.-Laurent-du-Maroni y tiene una disputa con un camarada. Recibe una bofetada y ofrece la otra mejilla.
Poco después D. es adscrito al campamento de inválidos de Hattes. Escribe al procurador general para que se interese por su reclamación contra el veredicto de R., informarle de su estado de salud y señalarle algunos abusos: quince días de reclusión por reclamación infundada. Se percata de que ‘el ejercicio del derecho de reclamación es una de las más grandes faltas que un condenado puede cometer contra la administración…” (15).

Las agresiones del IP, más que impulsivas e inesperadas, se han planificado y preparado concienzudamente.

Personalidad paranoide. Caso clínico.

“Un paciente había mostrado síntomas de personalidad paranoide durante veintitrés años. Tres meses antes de apuñalar a su esposa había presentado un interés obsesivo por visitar lugares donde se habían perpetrado asesinatos y pasaba mucho rato mirando cómo el carnicero cortaba la carne” (41).

Una primera manifestación de la belicosidad es la atracción por las armas y por su uso.

Movimientos mesiánicos. Gilbert Bourdin (siglo XX).

“La ciudad de Mandarom es en sí misma un lugar único. Se accede a ella pagando veinticinco francos. Se encuentra dominada por una gigantesca estatua de Gilbert Bourdin, vestido con su larga túnica de gloria, sosteniendo un cetro de varios metros de largo y dándole curiosamente la espalda al valle sobre el que está situada. Durante un paseo con guía, se puede admirar a un ‘Cristo cósmico’ armado con una espada llameante e incluso a una ‘Virgen María’ que lleva en las manos… una pistola láser.
La doctrina del mesías es, efectivamente, un extraño cóctel de esoterismo, milenarismo y … ciencia ficción. Gilbert Bourdin se presenta como un mesías guerrero. Por lo demás, ha publicado una obra enormemente confusa, Je suis le Messie attendu, en la que describe a lo largo de unas ochocientas páginas sus combates psíquicos con los demonios procedentes del espacio. Gracias a ella, uno se entera, por ejemplo, de que en 1987 Hamsah Manarah [él] libró una terrible batalla cósmica contra las tropas maléficas del ángel Metatrón...” (4).

Dando un paso adelante en su relación con las armas, el IP las porta y se muestra dispuesto a utilizarlas.

Folie à deux. Caso clínico.

[...] trató de atraerlo a otra casa, a la que ella y su hermana se habían dirigido armadas con pistolas” (26).

Folie à deux. Caso clínico.

“La señorita X... no andaba nunca sin armas...” (26).

Las armas biológicas también le proporcionan seguridad.

Folie à famille.

“Visitamos la casa y les encontramos en un pequeño apartamento de una habitación en un barrio pobre de inmigrantes. La señora A nos recibió cálidamente, el señor A con alguna reticencia. Las pistolas ya no estaban en la casa pero habían sido reemplazadas por un perro vigilante del que el señor A decía que estaba siempre despierto” (16).

No es excepcional, entre los IP, la práctica de las llamadas artes marciales, con las que se aprende a utilizar el propio cuerpo como un arma eficaz.

Folie à famille.

“El hijo mayor fue entrenado por el señor A en el karate y el uso de pistolas para defender la casa de cualquier oriental que se acerque” (16).

Dejar de vivir en pie de guerra puede resultar complicado. Tras haber participado como protagonistas en enfrentamientos prolongados, algunos soldados son incapaces de reintegrarse al entorno civil. Incapaces de renunciar a un estilo de vida basado en el riesgo, la violencia y la fidelidad al grupo, los ex combatientes se incorporan a bandas de delincuentes y forajidos, o a grupos terroristas o a milicias políticas violentas. Es un proceso muy bien descrito por Barbara Ehrenreich. Sucedió con numerosos militares del Ejército Confederado, tras la guerra civil americana, y así sucedió, notablemente, con muchos de los soldados rusos que habían participado en la invasión de Afganistán. Esta “segunda movilización” de los ex militares jugó un papel relevante en la emergencia del fascismo italiano y del nazismo.

Fascismo italiano

“El fascismo es el resultado de tres procesos sociales íntimamente relacionados entre sí. En primer lugar la guerra, que expulsó de la clase burguesa y desclasó a grandes masas de combatientes. Estas, incapaces de regresar a los modos de vida burgueses, y nostálgicas de los hábitos e ideologías adquiridos durante la guerra, formaros después de ésta las `milicias' fascistas, las `juntas de defensa' patrióticas con una peculiar ideología militarista, antidemocrática y nacionalista” (20).

El GCP en pie de guerra

De la paz a la guerra

Querulantes. Caso clínico.

“Yo es que soy de los que denuncian en vez de dar hos…”

Los cuadros clínicos paranoides se asocian a expresiones de hostilidad en las que la agresividad física se sublima a comportamientos algo más civilizados. Pero en la medida en que progresan, tienden a evolucionar a actitudes cada vez más combativas, violentas y potencialmente peligrosas. Es algo que todo psiquiatra ha podido comprobar en repetidas ocasiones. Pues bien, algo semejante sucede con los GCP. Lo más curioso es que la transición a las conductas violentas se produce igualmente en grupos que parten de postulados puramente pacifistas.

Por lo que respecta a los nacionalismos étnicos en su lucha contra los Estados opresores que les impiden el “ejercicio de la soberanía”, comprobamos cuán habitual es que los elementos más exaltados se acaben organizando militarmente, recurriendo a la violencia armada. La actividad violenta aparece siempre transcurridas algunas décadas desde el inicio del movimiento patriótico, y como resultado de una paulatina radicalización de los elementos más furibundos.

Nacionalismo irlandés.

[...] el nacionalismo irlandés siguió siendo uno de los movimientos más activos de todo el continente y en esta etapa conoció una transformación esencial: el abandono de los métodos legales de lucha y el paso a la lucha armada contra la dominación inglesa” (30).

Lo cierto es que gran parte del terrorismo sufrido por el mundo occidental a lo largo del siglo XX debe atribuirse al nacionalismo, lo mismo en Europa (nacionalistas étnicos independentistas o nacionalistas de Estado de extrema derecha) que en los EEUU. En ese país, las “milicias” se preparaban para enfrentarse a tiros contra el compló internacional para invadir América tramado por la ONU y el FBI y, a veces, tomaron la iniciativa cometiendo actos de terror. El terrorismo nacionalista no hace sino reflejar la tradicional inclinación belicista del nacionalismo, que no desaparece con el logro de la independencia. Se trata de una propensión señalada por la práctica totalidad de los historiadores.

Nacionalismo.

Los nacionalismos han creado Estados, incluso naciones, han disgregado Imperios, han potenciado guerras internas y externas y también, en su última expresión, han construido Imperios” (30).

Excepción hecha del terrorismo islamista, es cierto que, en nuestra entorno, el grueso de las AP no empuña las armas ni pretende alcanzar sus objetivos mediante la coacción y el terror. Probablemente los mecanismos gubernamentales de vigilancia están hoy lo suficientemente desarrollados como para impedirlo. Entre los antiguos movimientos mesiánicos, en cambio, sí fue habitual la deriva violenta.

Movimientos mesiánicos. Jacobina Mentz (siglo XIX).

“Jacobina hace caso omiso de ello y continúa desarrollando activamente su culto, modificando de forma peligrosa su discurso: profetiza con frecuencia el fin del mundo y la guerra santa, con multitud de detalles sangrientos. Al mismo tiempo, los mucker se vuelven cada vez más violentos hacia sus tránsfugas y sus vecinos ‘impíos’: proliferan incendios y asesinatos” (4).

La pauta habitual, si retrocedemos algo más en el tiempo, empezaba con un lunático que a través de sus predicaciones reunía un grupo creciente de seguidores. Con el paso del tiempo, incorporaba paulatinamente métodos más violentos en la captación de nuevos adeptos y en el enfrentamiento con el stablishment. En su degeneración violenta el grupo se asemejaba cada vez más a (o quizá mejor, se transformaba en) una banda de forajidos. El grupo constituido por el mesías y sus fieles hacía de la extorsión y el saqueo un estilo de vida. Podía no quedarles otro remedio cuando, seguros de que les esperaba un futuro glorioso, habían abandonado sus cultivos o medios de subsistencia.

Movimientos mesiánicos. El Cristo de Bourges (siglo VI).

“Su popularidad entre los campesinos es enorme y le permite formar una banda de varios centenares de personas.
Sin embargo, lo más sorprendente es que el nuevo Señor seduce también a los sacerdotes. Varios curas se alistan deliberadamente en sus filas.
Ni que decir que tiene que Cristo es colmado de riquezas por sus discípulos; pero él lo devuelve todo. El personaje no muestra ningún interés por el oro, cosa que evidentemente incrementa el número de sus seguidores. Todo cuanto recibe lo da a los pobres.
Tan solo posee un defecto: el orgullo. Cristo desea a toda costa ser reconocido como tal. Exige devoción, respeto y fanatismo.
Rápidamente transforma su ‘Iglesia’ en una tropa armada. Jesús se convierte en Robín de los Bosques. Ataca a los viajeros aislados y los despoja de sus bienes, pero lo hace por una buena causa. Es preciso autofinanciarse; además, el excedente siempre va a parar a los pobres. Con todo, el mesías se convierte poco a poco en el dios de los bandidos. Cuando llega a una ciudad, obliga a los obispos a que le ‘reconozcan’ . En cuanto a sus partidarios, son, por supuesto, los más favorecidos de los ‘pobres” (4).

Mesianismos anabaptistas. Jan Willemsen (siglo XVI).

“Una generación después de la experiencia heroica de Jan Bockelson, otro mesías anabaptista hace su aparición en Wetfalia hacia 1567.
[...] Jan Willemsen es un lector fanático de Rothman. En un último intento por hacer revivir el reino de Dios en la tierra, crea a su vez una Jerusalén terrestre y se rodea de toda una legión de santos. A imagen y semejanza de Münster, instaura la poligamia y desarrolla una teoría revolucionaria según la cual la propiedad es un robo. Considerando que todo lo que hay en la tierra pertenece a dios, y no a los hombres, el Cristo Willemsen decide financiar su comunidad santa entregándose al pillaje. En consecuencia, forma una pequeña tropa encargada de saquear las regiones colindantes” (4).

Excepcionalmente, algunos de estos GCP-forajidos mantienen un nivel aceptable de afiliaciones, con las que compensar los muertos en las batallas, mediante el secuestro de niños y su posterior adoctrinamiento forzoso. En el Norte de Uganda, y en varios países limítrofes, ha operado desde los años ochenta una guerrilla infantil, defensora de un fundamentalismo cristiano, que recurre a esta forma atípica de proselitismo. El LRA (Lord’s Resistance Army), combinando la práctica intensiva de la oración con el secuestro, el saqueo y una agricultura rudimentaria, ha forzado el desplazamiento de más de medio millón de personas inocentes, principalmente en la región de Acholi. Objetivo: un gobierno para Uganda basado en el cumplimiento de los Diez Mandamientos. Con casi total seguridad el objetivo no se alcanzará; el que fuera una ejército de unos tres mil soldados ha visto reducido su número a un escaso centenar.

Exaltación de la violencia

Fascismo.

“Descripción tipológica del fascismo

[...] Evaluación positiva de la violencia y la guerra y disposición a recurrir a ellas o recurso efectivo a las mismas” (31).

Nazismo.

“Comenzó entonces para mí, lo mismo que para todo alemán, el período más grande e inolvidable de mi existencia terrenal [la guerra]” (22).

Independientemente de si verdaderamente se encuentran o no en situación bélica, los GCP, y muy especialmente sus líderes, hacen discursos en los que se ensalza el uso de la violencia y la lucha armada como vía para alcanzar los objetivos, …

Leninismo maoísta.

La guerra, que ha existido desde la aparición de la propiedad privada y las clases, es la forma más alta de lucha para resolver las contradicciones…” (29).

Nazismo.

“Una granada de treinta centímetros silba con más fuerza, invariablemente, que un millar de serpientes periodísticas judías. ¡Dejemos, pues, que silben!” (22).
(…) e insisten en mantener vivo el recuerdo de las hazañas y de los héroes del pasado.

Grupos sectarios. TFP.

Se realiza una constante exaltación de la virilidad de personajes guerreros: los cruzados, Carlomagno, Santiago Apóstol... (35).

Nazismo.

“Aun cuando hubieren transcurrido millares de años, no será posible hablar de heroísmo sin evocar el recuerdo del Ejército Alemán que combatió en la Gran Guerra... mientras existan alemanes, éstos habrán de pensar que aquellos hombres fueron hijos de su nación” (22).

Se trata de una retórica que desprecia la vida muelle y cómoda frente a la nobleza de la entrega heroica en el campo de batalla…

Leninismo maoísta.

“Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima” (29).
(…) y que rechaza la búsqueda de acuerdos y soluciones pacíficas.

Grupos sectarios. TFP.

“La España oficial, la de la cúpula, la dibujada por los grandes medios de información, hablaba, escribía, se agitaba y... pactaba. La España auténtica, la España real, narcotizada, dormía. Así nació la Constitución del consenso. La España católica ideal -aquella por la cual sus hijos se levantaron en armas a millares en un sobresalto magnífico y derramaron su sangre- estaba ausente en la nueva fisonomía constitucional” (9).

Leninismo maoísta.

“Con todo lo reaccionario ocurre igual: si no lo golpeas, no cae. Esto es como barrer el suelo: por regla general, donde no llega la escoba, el polvo no desaparece solo” (29).

Grupos sectarios. TFP.

“¿No hubiera sido mejor que los Reyes Católicos no expulsaran a los moros de Granada? Se habría aprovechado así -soñará el ecumenista- una oportunidad histórica para llegar a un acuerdo que disminuyese el ímpetu mahometano cuyo poderío, colosal en el Norte de África, representaba una terrible amenaza para Europa. Algo semejante proponen hoy en día los dirigentes religiosos y políticos sensatos que, en nombre de la caída de las barreras ideológicas y de la paz, quieren que Europa ceda ante el poderío ruso” (9).

Siendo precisos, podemos distinguir entre aquellos argumentos que glorifican la guerra porque constituye el único medio para llegar a un fin deseado…

Fascismo italiano.

[...] estaba dispuesto a entregarse a actos de destrucción a lo grande, a veces a llegar al más horrendo asesinato en masa, como una ‘destrucción creadora’ para llegar a una nueva utopía de su invención, del mismo modo que los comunistas asesinaron a millones en nombre de una utopía igualitaria” (31).

Grupos sectarios. TFP.

Santiago Patrón de España, Santiago Matamoros, es el mismo símbolo de la catolicidad militante de un pueblo que, después de luchar ocho largos siglos para reconquistar su territorio a los infieles, tuvo espíritu de Fe y encontró en su alma recursos suficientes para lanzarse a los mares y dar un continente nuevo a la Iglesia y a la Cristiandad. Símbolo válido para todas las épocas de nuestra historia” (9).
(…) y aquellos otros argumentos que consideran que, además, la violencia es algo bueno y deseable en sí mismo.

Fascismo italiano.

“Lo exclusivo del fascismo, en relación con la violencia, fue su evaluación teórica por muchos movimientos fascistas, para los cuales la violencia poseía por sí misma y en sí misma un cierto valor positivo y terapéutico, y que estimaban necesaria cierta dosis de lucha violenta continua, a la manera soreliana y del darwinismo social extremo, para la salud de la sociedad nacional” (31).

J.O.N.S.

“En cuanto a la violencia, su actitud es la propia de quien se sabe ligado profundamente al destino histórico de un pueblo. Es la propia de quien acepta el espíritu de sacrificio y la idea del deber, aun a costa de su misma vida. Y es la propia también -¿por qué no decirlo?- de quien sabe que la vida es lucha, y que donde el hombre se mutila su sentido de la energía y de la violencia triunfa el espíritu rastrero, eunucoide e hipócrita, de los peores representantes de la especie” (27).

Nazismo.

“Hitler era fanáticamente devoto de la guerra y del nacionalismo concebido como religión de la guerra” (12).

Militarismo: ejércitos

En el nacionalismo de Estado (el de aquellas naciones que no aspiran a disponer de un Estado porque ya lo tienen) el ejército nacional juega un papel simbólico único. Es la institución que, por encima de cualquier otra institución, está llamada a aglutinar una masa amorfa de personas en una masa compacta de compatriotas. El ejército simboliza la unidad de las voluntades, de la acción y del sentimiento. Al fin y al cabo, es sólo durante las guerras que los connacionales olvidan toda disputa, izan las banderas y se ponen de buena gana a disposición de las autoridades. Los ejércitos son, por así decirlo, la quintaesencia de cada nación. Que duda cabe de que, a mayor nacionalismo, más militarismo. Todas las modernas naciones organizan ceremonias en las que el ejército se pone al servicio de la exaltación patriótica, más que de la defensa. A su vez, el refuerzo del patriotismo aumenta la disponibilidad de los ciudadanos para inmolarse en el campo de batalla… si es por la madre patria.

Nacionalismo en general.

“En el siglo XX, la guerra, y la disponibilidad para la guerra, tan importante en el nacionalismo, se han convertido en factores que unifican los Estados y ofrecen al individuo objetivos trascendentes. Hoy día, la dimensión religiosa de la guerra se manifiesta por doquier, incluso en tiempos de paz. No puede llevarse a cabo ningún acto público de importancia sin acompañamiento de redobles de tambor y de soldados en posición de firmes. Las investiduras presidenciales, las coronaciones de monarcas o las celebraciones de las fiestas nacionales son acontecimientos que requieren la presencia del soldado como ‘accesorio ceremonial’. Donde no hay un verdadero ejército, se mantiene un contingente con fines meramente ceremoniales. Incluso el Vaticano tiene una Guardia Suiza, pese a que se diría que su pompa y esplendor semirreligiosos le hacen innecesario mayor ornato” (12).

Nacionalismo norteamericano.

“El patriotismo estadounidense, como los nacionalismos de otras naciones, se celebra en festividades especiales que, por lo general, están dedicadas a guerras concretas o al recuerdo de la guerra. El Cuatro de Julio, el Día de Conmemoración de los Caídos, el Día de la Bandera y el Día de los Veteranos proporcionan la ocasión de realizar desfiles militares y exhibir emblemas y símbolos nacionalistas, entre los que la bandera es el más destacado. En estas y otras ocasiones, tales como la conmemoración de batallas o guerras concretas, suenan las cornetas, se colocan ceremoniosamente guirnaldas en monumentos y tumbas, los veteranos visten sus antiguos uniformes y los políticos pronuncian discursos ensalzando los valores nacionalistas del deber y el 'sacrificio” (12).

Los fascismos dieron una vuelta de tuerca a la deriva militarista de las modernas naciones. En éstas, el servicio militar obligatorio no se limitaba a preparar a los ciudadanos para la guerra sino que servía para insuflarles el espíritu patriótico. Pero, con la llegada del fascismo, sería la propia nación la que se transformase en un gigantesco cuartel. El ordeno-y-mando debería sustituir a la deliberación del cuerpo político y el derecho a callar sustituiría a la libertad de expresión.

Fascismo.

“Junto con la tendencia a la movilización de masas iba uno de los rasgos más característicos del fascismo, es decir, su esfuerzo por militarizar la política en un grado sin precedentes” (31).

Fascismo.

“Descripción tipológica del fascismo

[...] Tentativa de movilización de masas, con militarización de las relaciones políticas y del estilo y con el objetivo de una milicia de partido de masas” (31).

Los fascismos se propusieron, a plena conciencia, organizar la sociedad en su conjunto como un gran cuartel. Ahora bien, se trataba de una tendencia que en realidad, inadvertidamente, se había iniciado algo antes.

Nacionalismo en general.

“En la era del nacionalismo, las ceremonias patrióticas comenzaron a diseñarse, consciente o inconscientemente, con objeto de inspirar a los civiles la sensación de que también ellos constituían una especie de 'ejército', unido por el peligro común y por actividades rítmicas análogas a la instrucción. George L. Mosse observa que el siglo XIX fue testigo de la 'introducción del ritmo en todas las ceremonias -marchas, desfiles y festejos-, con objeto de transformar a las masas indisciplinadas en una multitud disciplinada'. La Marsellesa fue el primer himno nacional compuesto con ritmo de marcha; luego otras naciones la emularon con himnos dotados de ritmos pegadizos y belicosos” (12).

En las AP, es común que, aún inermes, imiten los rasgos distintivos de los ejércitos, sea en su vocabulario o en las escenificaciones rituales.

Cultos de crisis. Smohalla (s. XIX).

“Sin embargo, el culto que él había creado estaba muy ritualizado, se utilizaban banderas, campanas, se practicaba la gimnasia; sus elementos estaban tomados a la vez de la misa católica y de los ejercicios militares; no todo estaba enteramente inspirado en los sueños” (5).

Sokagakkai.

“Pero la repetida mención en los medios del Komeito y de la Gakkai de la ‘misión del pueblo japonés’, el uso de estandartes, insignias, canciones marciales, y terminología militar, y la ‘revisión de tropas’ a caballo realizada por el Presidente Toda ante 13.000 miembros de la División de Jóvenes en 1954 han contribuido a la imagen de la Gakkai como una organización ‘fascista” (46).

Sokagakkai.

La terminología estructural de la División de Jóvenes -cuerpo, compañía, pelotón- tiene un aroma militar. El cuerpo (butai) de la YMD y la YWD, así como sus equivalentes verticales, los capítulos, reciben cada uno sus propios estandartes del presidente” (46).

Las AP que practican la lucha armada se consideran a sí mismas, se autodefinen y se presentan como auténticos ejércitos.

Ejército Simbiótico de Liberación.

[...] oí una voz declarar: Soy el Mariscal de Campo del Ejército Simbiótico de Liberación. Mi nombre es Cin” (20).

En otros casos, que no son excepcionales en el universo sectario, las AP organizan un pequeño ejército en su seno. A diferencia del Ejército Simbiótico, el grupo no pretende ser un ejército sino que sencillamente tiene un ejército.

Movimientos mesiánicos. Jacob Frank (siglo XVIII).

“Sin embargo, cuando se franquean las verjas de su propiedad en Brno, se descubre un asombroso espectáculo. Los frankistas llevan uniforme y practican un intenso entrenamiento militar. Forman una milicia armada de seiscientos hombres, que proceden en parte del batallón de cosacos judíos del general Potenkín. Esta pequeña liga escolta al mesías en sus desplazamientos ‘oficiales’ y constituye una verdadera guardia pretoriana” (4).

Militarismo: soldados

Mutatis mutandis, los integrantes del grupo devienen los soldados -más o menos metafóricamente- de una causa.

Cultos de crisis. Hau-hau (s. XIX).

“La palabra maorí hau, pronunciada de un modo brusco, como un ladrido, parece hacer alusión al viento, a la respiración o al principio de la vida. Repetida dos veces significa: ‘¡Ataca! ¡Golpea!’ A la llamada ‘¡Poriri hoia!’, ‘¡Formad filas, soldados!’, la congregación se agolpaba alrededor del mástil o niu, se alineaba en filas y comenzaba a girar alrededor” (5).

Sokagakkai.

“Nuestra promesa al presidente Josei Toda:

‘Las expectativas que ha puesto en nosotros Josei Toda, gran maestro del shakubuku en los Ultimos Días de la Ley y uno de los filósofos más eminentes del mundo, nos llenan de honda emoción. En vísperas de la gran batalla religiosa y en el 702o año de la fundación del Budismo Verdadero, nosotros, los cinco mil Guerreros de la Ley Suprema formulamos la siguiente promesa:
‘1. Nosotros, los guerreros de la División Juvenil Masculina, prometemos solemnemente al Dai-Gohonzon que dedicaremos nuestras vidas en absoluta unión a la revolución religiosa que apunta al logro del kosen-rufu [...]” (23).

El GCP puede igualmente obligarles a actuar como soldados.

Grupos sectarios. TFP.

“El horizonte comienza a cubrirse de nubes, anunciando a lo lejos la tempestad agroreformista que se cierne sobre España. Ante esas expectativas cooperadores de TFP-Covadonga hacen guardia de honor ante el cuerpo incorrupto de San Isidro Labrador, patrono de Madrid y de los agricultores, excepcionalmente expuesto a la veneración pública el día de su fiesta” (8).

En otros casos, los soldados de otros tiempos sirven como ejemplo y fuente de inspiración.

Grupos sectarios. TFP.

“Caminamos hacia la conquista de este ideal, con el coraje, la perseverancia, la resolución de enfrentar y vencer todos los obstáculos, con que los Cruzados marcharon sobre Jerusalén” (8).

Los fascismos, algunos de los nacionalismos más combativos, y algunos comunismos asiáticos abogaron porque las escuelas sirvieran, también, para el entrenamiento militar de los niños.

Falangismo.

Todos los hombres recibirán una educación premilitar que les prepare para el honor de incorporarse al Ejército Nacional Popular de España” (33).

El nacionalismo japonés, que a partir de la Revolución Meiji de la segunda mitad del XIX devino doctrina de Estado, también supo comprender la importancia del adoctrinamiento infantil en el espíritu de la guerra.

Nacionalismo japonés.

“En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, Japón ya contaba con cincuenta años de tradición de nacionalismo laico, implacablemente difundido por todas las instituciones japonesas. La enseñanza pública, con una escolarización del 90 por 100 de los niños en 1900, incluía instrucción militar para los chicos y la inculcación sistemática del militarismo y el culto al Emperador en ambos sexos. En las clases de aritmética se resolvían problemas basados en situaciones bélicas; en las clases de ciencias se enseñaba, entre otras cosas, información general sobre reflectología, comunicación inalámbrica, minas de tierra y torpedos” (12).

Militarismo: guerras

El GCP equipara sus actividades a una guerra o las expone recurriendo a un vocabulario inequívocamente militar. Puede tratarse de alusiones más o menos vagas…

Grupos sectarios. Instituto Filosófico Hermético.

“He imaginado una utopía en pocas líneas, mostrando lo que podría ser el mundo una vez culminada una cruzada moral de carácter técnico que pudiera convencer a la gente para que entrara, por su propia voluntad, al camino del ascendente de sus conciencias” (2).

Sokagakkai.

“Varios poderes del mundo -la autoridad, el dinero, la brutalidad- intentan violar la dignidad humana. El papel de la Soka Gakkai en la sociedad es emplear el espíritu que mana de las profundidades mismas de la vida para entablar un combate con semejantes poderes” (24).
(…) o de alusiones más abiertamente hostiles.

Sokagakkai.

“La Sociedad habla de las relaciones entre grupos religiosos como ‘cuestión de victoria o derrota’, y ha creado órganos como el ‘Comité de liquidación de Tenrikyo-Rissho Kosei Kai’, que desarrolla programas específicamente dirigidos a dos sectas rivales” (43).

Grupos sectarios. Cienciología.

“La Iglesia de la Cienciología utiliza lo que internacionalmente denomina ‘declaración de persona supresiva’ contra todos los que critican o se oponen a sus actividades. Y, a partir de esta declaración, los críticos son perseguidos y presionados de forma sistemática por personal especialmente entrenado de la secta” (37).

Cuando el grupo ha participado en una guerra real -no sólo metafórica- y la ha ganado, a menudo insiste en mantener la ficción de que no ha terminado. El GCP se resiste a dejar de vivir en pie de guerra.

Franquismo.

“Nuestras lecturas orientadas se centraban en torno a las historietas ilustradas de Flechas y Pelayos, las oraciones del catecismo alternaban con el canto del Cara al Sol, los retratos de Franco y el Ausente presidían las aulas a los dos lados del crucifijo. [...] y diariamente salmodiábamos en el patio un himno cuya letra y tonadilla no se han borrado de mi memoria: ‘Guerra a la hoz fatal / y al destructor martillo / ¡Viva nuestro caudillo…!” (17).

Depredadores

No deja de resultar curiosa la atracción de algunos IPP por los grandes depredadores. Como el militarismo, refleja la tendencia a recurrir a la violencia para el logro de los objetivos. Es también el reflejo del espíritu de superioridad.

Sokagakkai.

“Terminaré expresando mis fervientes deseos de que tengan ustedes verdadera valentía en la lucha que les espera y citándoles un pasaje del Gossho: ‘Mi deseo es que mis discípulos lleguen a ser la prole del rey león y que nunca se vean ridiculizados por una manada de zorros” (24).

Nazismo.

“En el estudio de Waite sobre Hitler se incluye un dato muy sugerente: su fascinación por los lobos, con los que se identificaba. De pequeño, Hitler se alegró mucho al saber que su nombre derivaba de Athawolf, que en alemán antiguo significaba ‘lobo noble’. A su perro favorito le puso de nombre Lobo, se refería a las SS llamándolas su ‘manada de lobos’ y creía que su capacidad de enardecer a las multitudes procedía de que se daban cuenta de que ‘había nacido de un lobo” (12).

Con cierta frecuencia, los carnívoros son utilizados por los GCP como símbolos distintivos, especialmente por parte de las naciones y de los linajes guerreros.

Nacionalismo.

“No son solo las naciones enemigas las que llegan a parecerse a amenazadoras criaturas no humanas. Los predadores también desempeñan un papel estelar en las banderas, los escudos de armas y otros símbolos menos formales adoptados por las naciones: el águila de Estados Unidos, Alemania, México, Polonia y España; el león de Gran Bretaña, Checoslovaquia, Finlandia, Kenia, Holanda, Noruega e Irán; el halcón de Egipto; el oso de Rusia. Aquello en que nos convertimos al fundirnos con ese ‘algo mayor que nosotros’ que representa la nación es el ser que más ha temido nuestra especie y al que más ha deseado parecerse” (12).

Y dos leones erguidos simbolizan la soberanía del pueblo español. Posan orgullosos con una mano sobre sendas esferas, que parecen representar el planeta.

Los sentidos del militarismo

Defensa

El militarismo tiene una conexión lógica bastante obvia con otras facetas de la conducta paranoide. Es muy comprensible que los IGP, que propenden a sentirse acosados y amenazados, recurran al uso de las armas y se preparen para defenderse de un inevitable ataque.

Maoísmo.

“No solamente debemos poseer un poderoso ejército regular, sino que también organizar contingentes de milicia popular en todas partes, de modo que los imperialista, en caso de agredirnos, difícilmente puedan moverse un solo palmo en nuestro país” (29).

Expansionismo

Pero el militarismo del GCP no se relaciona únicamente con la defensa frente al enemigo sino que guarda igualmente una estrecha relación con los fines expansionistas.

Franquismo.

“Guerra a la hoz fatal / y al destructor martillo / ¡Viva nuestro caudillo / y la España imperial!” (17).

Nacionalismo italiano.

“Tal vez el aspecto más radical del programa de la ANI era su objetivo final, es decir, fortalecer a Italia con el fin de prepararla para la guerra moderna y la expansión imperial” (31).

Otros grupos paranoides. Los sebastianismos del Pernambuco (s. XIX).

“El ejército estaba dirigido por un comandante y varios jefes, cuatro capitanes y cuatro subtenientes. Según el testimonio de un miembro del grupo, los ejercicios militares eran indispensables, pues era necesario ‘conquistar la santa casa de Jerusalén y el paraíso en la tierra y eliminar a todos los que se opusieran a su sagrado fin preconizado por la ley de Dios’. Según otro testigo, debían ‘estar bien armados para combatir a quienes se opusieran a este fin, pues cuando fueran más numerosos debían apoderarse de Pernambuco y marchar a liberar los santos lugares de Jerusalén” (38).

La asociación paranoide

Cuando el celo proselitista sitúa los objetivos expansionistas por delante de cualquier otra consideración los adeptos de la AP empiezan fácilmente a desplegar conductas poco amistosas…

Nueva Acrópolis

“A los puestos se puede ir con porras y lunchacos para intimidar a los que se metan con lo que se predica. Se justifica alegando que también el cuerpo humano tiene células que sirven para defenderse de agentes patógenos” (32).

Sokagakkai.

La Gakkai desaprueba toda violencia pero reconoce que puede ser necesaria la presión: el shakubuku es una presión forzada, como en el caso en que un niño está a punto de caer en un principicio o al río. En ese momento uno no se preocupa de finuras, sino que lleno de celo por salvar al individuo pone toda su fuerza en la llamada y literalmente ordena. Como quiera que eso sea, la motivación espiritual del shakubuku es siempre la compasión [...]
Hasta principios de los 60, la traducción literal del shakubuku, ‘romper y abatir’ era una descripción razonablemente precisa del proceso de proselitismo. En alguna ocasión los miembros de la Gakkai rodeaban un domicilio y hacían ruido hasta que uno de los miembros de la familia aceptaba ingresar” (43).

Sokagakkai.

“En los años recientes, la prensa había dedicado más espacio a los asuntos de la Soka Gakkai, especialmente a los pequeños altercados que se producían cuando los miembros se excedían en sus actividades de propagación” (23).
(…) o evolucionan a comportamientos inequívocamente violentos.

Sokagakkai.

“Y existe un indiscutible registro empírico de acciones ilegales por parte de miembros de la Gakkai. Los registros del gobierno japonés implican a miembros de la Gakkai en incidentes como golpear a un miembro supuestamente ‘perezoso’; golpear a un miembro y amenazar a otros que hablaron de abandonar la sociedad; intentar asesinar a un terrateniente que prohibió a sus arrendatarios leer sus oraciones en alta voz; invadir numerosos templos de otras sectas y quemar un templo de Konko-kyo, otra nueva religión; varios casos de shakubuku que acabaron en violencia; la frecuente destrucción de la parafernalia de otras religiones en los hogares de los nuevos conversos (una práctica previamente sancionada denominada hobobarai o ‘limpieza de las cosas erróneas’); y el despido de varios empleados por el presidente de la compañía por no convertirse a la Nichiren Shoshu” (43).

Hay que reconocer, de todos modos, que la evolución violenta es hoy menos frecuente. El mundo occidental ha desarrollado eficaces mecanismos de control social que obstaculizan dicha deriva, pero lo que no pueden evitar la propensión a la agresividad de las AP.

Grupos sectarios. Mel Lyman.

“Durante esa época, el culto comienza a desarrollar prácticas de intimidación. A los adeptos del mesías les gustaría tomar el control de los principales medios de comunicación underground. Se multiplican las amenazas físicas y las palizas” (4).

Grupos sectarios. Morabitum.

“La oposición al dominio absoluto de Abdul Jader sobre los musulmanes de Granada llegó a su punto culminante en 1986, cuando los morabitum dieron un golpe teatral para asaltar Al Taqwa, la única mezquita de la ciudad” (28).

En las jergas internas de los grupos sectarios es común que el proselitismo se compare con la caza (o con la pesca) e incluso que se denomine sin ambages con ese término. La imagen del captador como un cazador (que necesariamente supone ver al captado como una presa), es acorde con la fascinación de los IPP por los depredadores y lo es también con la violencia a la que acaban recurriendo algunos GCP en su expansionismo.

El IP

El equivalente individual del expansionismo del GP es la búsqueda, por parte del IP, de un grupo de personas que le den la razón y que él pueda considerar como aliados. En este “expansionismo individual” cabe también elrecurso a laviolencia.

Querulantes.

“La lucha por el colegio se transformó en la experiencia psicológica clave para el paciente. Gradualmente, se implicó más y más en la lucha. Escribió numerosas cartas y artículos que resultaban tan ofensivos que el periódico local no los publicó. A continuación el paciente dejó de trabajar. Atacó al gobierno y todo tipo de autoridades, considerando un pecado contra Dios el cerrar el pequeño colegio. Su mujer no apoyaba la lucha del paciente por lo que se enfadó con ella, la llamó puta y la agredió físicamente” (1).

Reformadores. Caso clínico.

“Su pasión fría por la justicia se desarrolla con un rigor que ellos suponen matemático, y para alcanzar su ideal rompen todas las resistencias, destruyen todos los obstáculos y, consideran toda opinión contraria a su doctrina como una manifestación perjudicial, peligrosa, incluso criminal, que merece la muerte” (12).

Cultos de crisis. El cargo melanesio (s. XX).

“En una ocasión un varón de 25 años de Buganvilla fue ingresado en el hospital con una historia de comportamiento violento en su poblado. Se había enfrentado a quienes se oponían a sus creencias” (5).

El nacionalismo

Quienes comparten estados de exaltación patriótica -las naciones- tienden a transformarse en maquinarias guerreras. Los ejércitos nacionales sirven para desanimar a los potenciales agresores, para repelerlos y, asimismo, para iniciar proyectos expansionistas manu militari. De este modo se asistió a la rápida y asombrosa traición, por parte de la nación francesa, a los ideales pacifistas de esa Ilustración que originalmente la creó.

Imperialismo francés.

“Como es sabido, en los inicios de la Revolución, los miembros de la Asamblea Constituyente, totalmente comprometidos con la regeneración de Francia e imbuidos de los ideales pacíficos de la Ilustración, renunciaron formalmente a cualquier política de agresión: ‘La nación francesa renuncia a emprender guerra alguna destinada a hacer conquistas y no empleará sus fuerzas contra la libertad de ningún pueblo’ (22 de mayo de 1790). Al cabo de dos años, el 20 de abril de 1792, la Asamblea Legislativa declaró la guerra, casi unánimemente, al rey de Bohemia y de Hungría, y al cabo de diez meses se encontró luchando con Prusia, Cerdeña, Inglaterra, los Países Bajos y España” (44).

Imperialismo francés.

“Finalmente, después de que se pidiera con insistencia, Brissot y los girondinos declararon la guerra con una tranquilidad que sorprende hoy en día; utilizando una retórica impregnada de referencias a las antiguas ciudades-estado griegas y a la reciente victoria de los americanos, y que hablaba de los efectos moderadores que la guerra tenía sobre el carácter de los pueblos y de la fuerza innata de los pueblos libres contra los déspotas” (44).

A lo largo del siglo XIX, y de un modo más paulatino, el pensamiento nacionalista alemán sufrió la misma metamorfosis que el francés, desde unos postulados iniciales eminentemente pacíficos al expansionismo violento.

Nacionalismo alemán.

“En lugar de las elevadas ambiciones espirituales de Fichte, Treitschke escribe ahora: ‘Un soldado de dragones que da un golpe de culata en la cabeza de un croata, hace mucho más por la causa alemana que la que puede hacer el mejor escritor político con su pluma” (10).

El leninismo

La deriva guerrera de los grupos y movimientos paranoides no se limita al nacionalismo. En el socialismo ruso se produjo, en gran parte, bajo el influjo de un implacable líder carismático.

Leninismo soviético.

“Hombre de enorme voluntad, Lenin consiguió que su partido tomara el rumbo de la violencia y la coerción como forma de enfrentar los problemas de la paz, la tierra y la libertad” (42).

Leninismo soviético.

“Electrizado por el Congreso del Komintern que acababa de inaugurarse en Moscú, por los informes del extranjero, por su propio análisis de la situación mundial y sobre todo por el avance del Ejército Rojo sobre Varsovia en la guerra desencadenada por los Sóviets contra Polonia, esa tarde había enviado un despacho a Stalin, por entonces en Jarkov: ‘La situación en el Konmintern es espléndida. Zinóviev, Bujarin y yo mismo pensamos que ha llegado el momento de estimular la revolución en Italia. Mi opinión es que para que ello sea posible Hungría ha de ser sovietizada, y tal vez también las tierras checas y Rumanía. Hay que pensar en esto seriamente” (42).

La variante sino-albanesa del leninismo confirió al expansionismo armado un papel todavía más preponderante, llegando a considerarlo como la única vía de acceso al poder. Actuando en consecuencia, sólo financiaron y dieron cobijo a todos aquellos grupúsculos de cualquier parte del mundo que adoptaran la doctrina maoísta y estuvieran dispuestos a emprender el camino de la lucha armada. Poco importaba cuáles fueran las condiciones locales de cada país. El enfrentamiento a muerte entre las clases sociales se concebía como un fenómeno universal y la estrategia a seguir había de ser la misma en cualquier punto del planeta: matar al enemigo.

Leninismo maoísta.

“En la sociedad de clases, las revoluciones y las guerras revolucionarias son inevitables; sin ellas, es imposible realizar saltos en el desarrollo social y derrocar a las clases dominantes reaccionarias para que el pueblo conquiste el Poder” (29).

Leninismo. Sendero Luminoso.

“Añade que el poder se toma por la violencia. Esa es la experiencia del mundo, ‘con mayoría parlamentaria se puede defender una ley, pero el poder se toma por la violencia y se defiende con la dictadura” (7).

Esta postura se mantuvo tozudamente por parte de las autoridades chinas y albanesas, negando el apoyo a aquellos grupúsculos pretendidamente maoístas que rechazaron o no se atrevieron a dar el paso a la “lucha armada” (la totalidad de los maoístas franceses y la práctica totalidad de los españoles, por ejemplo).

Leninismo maoísta.

“No ocurrió lo mismo en Francia o en España, en donde los maoístas se plantearon la cuestión del terrorismo, como ‘forma superior de la lucha de clases anti-imperialista’ y de la ‘fraternidad-terror’ tan apreciada por Sartre; rajándose a la hora de la verdad y disolviéndose en Francia y llevándolo a la práctica en España, con los tristes resultados de sobra conocidos” (39).

El apoyo logístico y económico solo se mantuvo para esa minoría (dentro de la ya exigua minoría que en los países occidentales constituían los maoístas convencidos) que se decidió a utilizar las pistolas. Fue el caso del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico), financiado y entrenado en Albania. Desde ese país llegaban al nuestro mensajes de aliento y proclamas revolucionarias a través de Radio Tirana, una emisora audible, aunque con una audiencia más bien escasa.

Exterminio

Los GCP sueñan con un mundo en el que sus ideas y autoridad gozan de una aceptación general y unánime. Viendo que la eficacia del proselitismo es limitada, pueden decantarse por otra solución: eliminar a quienes no aceptan la Verdad. Quienes viven en el error y se empeñan en seguir viviendo en el error están de más y deben morir.

Mesianismos anabaptistas. Thomas Müntzer (siglo XVI).

“En Allstedt reúne a obreros, campesinos y artesanos en el seno de una nueva organización de nombre evocador, la Liga de los Elegidos, el noventa por ciento de cuyos miembros son analfabetos. Es el desquite de los iluminados del corazón sobre los universitarios luteranos.
Los sermones del mesías preocupan mucho a las autoridades. Müntzer está obsesionado por la violencia. La guerra le parece una necesidad absoluta: ‘Un hombre sin fe no tiene derecho a vivir a expensas de aquellos que tienen fe. Es preciso utilizar la espada para exterminarlos [...] Si se resisten, que sean despedazados sin piedad [...] Porque los malos no tienen ningún derecho a vivir, a no ser que los Elegidos se lo autoricen” (4).

No pocas de las AP con creencias milenaristas posponen el exterminio a un futuro cercano. Un exterminio que deberán ejecutar ellos mismos o del que se ocupará algún poder sobrenatural.

La eliminación de quienes no se integran o someten puede limitarse a un territorio concreto, que el GCP se quiere apropiar.

Nacionalismo serbio.

“Estos y otros testimonios irrecusables muestran la clara voluntad de los fundamentalistas panserbios -embebidos de una mitología sangrienta y anhelos seculares de desquite de la derrota del Campo de los Mirlos en Kosovo en el siglo XIV- de exterminar a los musulmanes bosnios en el estricto sentido físico del término” (18).

En realidad, la causa principal de los impulsos genocidas no hay que buscarla en la Historia, como hacen los patriotas serbios, sino en la propia exaltación nacionalista. La Historia no aporta más que los pretextos. El genocidio de musulmanes serbohablantes se planificó una vez que otros serboparlantes, éstos últimos de religión ortodoxa, se convencieron de que constituían una nación, que se definía a sí misma como cristiana. No antes. Los mahometanos quedaban forzosamente excluidos, por definición.

Nacionalismo serbio.

“El Programa de la política exterior y nacional de Serbia, elaborado por Garashanin en 1844, constituye en verdad el primer guión razonado de las guerras de exterminio balcánicas del siglo XX: ‘El Estado serbio, que después de su inicio feliz debe reforzarse y ampliarse, halla su base y fundamento firmes en el imperio serbio de los siglos XIII y XIV, así como en nuestra gloriosa y rica historia. [...] La llegada de los turcos interrumpió su evolución e impidió esta empresa [imperial] durante largo tiempo; pero ahora, con el poderío turco roto y, por así decirlo, en ruinas, hay que reivindicar de nuevo los derechos y reemprender la obra truncada. [...] Nuestro presente se cumplirá en relación con el pasado; por ello, el serbismo, con su carácter nacional y existencia estatal, se cubre con el manto protector de un derecho histórico sagrado [la cursiva es mía]. La realización del Programa implica diferentes fases: extensión de las fronteras serbias, homogeneización de los territorios conquistados; purificación étnica. Los serbios no sólo deben desembarazarse del poder otomano, sino de los pueblos vecinos que ocupan su espacio histórico: en primer lugar, de los albaneses de Kosovo, usurpadores de la cuna del Estado medieval serbio’. Por primera vez, el término ‘limpieza’ (‘cistiti’) aparece en el vocabulario balcánico” (19).

En estas masacres planeadas (y a veces puestas en práctica) por algunos grupos sectarios y nacionalismos radicales, puede caber la posibilidad, para las víctimas, de esquivar la muerte mediante la conversión.

Grupos sectarios. Hare Krishna.

“Los Hare Krisna no han dejado de ver en las Escrituras védicas el anuncio de una inminente catástrofe, en forma de guerra mundial, que aniquilaría el planeta a excepción de algunos supervivientes y, lógicamente, de los devotos puros de Krisna. El propio Prabhupada, fundador de la secta, dijo en una ocasión que, en esos días, había que localizar a cada uno de los karmis (no miembros de la secta) supervivientes y pedirle que cantara el mantra Hare Krisna; si se negase, el devoto debería matarlo inmediatamente” (36).

Nacionalismo serbio.

“Durante el conflicto, representantes croatas y dálmatas del ‘movimiento yugoslavo’ discutieron con los serbios acerca de la federación o confederación que iba a unirlos. El panserbismo no auguraba nada bueno para los socios del Estado aglutinador de los pueblos eslavos del Sur. En una conversación celebrada en Niza en 1917 entre el delegado croata Trumbic y Srojan Protic, ministro de Finanzas del Gobierno serbio en el exilio y primer presidente del Gobierno del nuevo reino en 1919, a propósito del futuro de Bosnia, este último dijo: ‘Deje el asunto en nuestras manos. Nosotros tenemos la solución para Bosnia’. ‘¿Cuál, señor Protic?’, preguntó Trumbic con curiosidad. ‘Cuando nuestro ejército cruce el Drina dará a los turcos (sic) 24 o incluso 48 horas para volver a la fe de sus antepasados. Y el que no quiera será liquidado, como hicimos antes en Serbia’ (cfr. Memorias, de Ivan Mestrovic, Buenos Aires, 1961)” (19).

Explotación y saqueo

La lucha armada del GCP puede también aspirar al establecimiento de una relación de privilegio, con el sometimiento y la explotación de quienes no pertenecen al grupo.

Este era el objetivo público y reconocido del nazismo y es el de algunos GCP que se ven a sí mismos como la elite destinada a gobernar un mundo poblado por seres inferiores.

Cultos de crisis. El baniwa Venancio (s. XIX).

“Más de mil fanáticos, provistos de armas de fuego, vivían allí reunidos, dispuestos a luchar contra los blancos que iban a convertirse en esclavos suyos...” (38).

Nazismo.

La Administración no debe convertir a Polonia en una provincia o en un Estado modelo, según la ideología alemana, ni sanear el país económicamente.
Debe evitarse que los intelectuales polacos se conviertan en clase directiva. En el país, el nivel de vida debe permanecer bajo, de allí sólo queremos sacar obreros” (45).

Unos seres inferiores sobre los que no solamente se podrá mandar, sino también explotar y saquear.

Nazismo.

“Hay que partir del concepto de que estos pueblos no tienen otro deber que el de servirnos en el plano económico. Nuestro esfuerzo ha de centrarse, por consiguiente, en extraer de los territorios que ellos ocupan todo cuanto se pueda...” (Adolf Hitler, citado en 21).

Ambos, el mesías indígena y Hitler, fueron relativamente sinceros y conscientes de sus intenciones. En otros casos, el sometimiento y la explotación se produjeron sin reconocerse como tales y contrariando de lleno los principios en nombre de los cuales se habían realizado tales invasiones. A diferencia de lo que posteriormente ocurriría con el expansionismo hitleriano, el saqueo no figuraba entre los objetivos explícitos y reconocidos de las invasiones napoleónicas, pero...

Imperialismo francés.

“Si el comportamiento de los militares y la lógica interna del mantenimiento de grandes ejércitos explicaba el resentimiento popular, las políticas económicas de los sucesivos gobiernos revolucionarios en los territorios ocupados decepcionaron a las elites urbanas, que se fueron alejando de todo el proceso. Hablar de ‘políticas económicas’ en esa década de la revolución es quizá excesivo, puesto que tales políticas sólo consistían en esperanzas y ambiciones económicas, que constantemente se veían frustradas y complicadas por las contingencias inmediatas. Concretamente, la realidad a corto plazo de la política económica en los territorios ocupados consistió en dos procesos superpuestos: el primero se caracterizaba por la agence d’extraccion que se estableció en Bélgica y en los territorios alemanes en 1794; el segundo, por el regreso a la iniciativa privada en lo referente al aprovisionamiento de los ejércitos. El saqueo de los territorios ocupados mediante la agence d’extraccion y otras agencias de requisas en Bélgica fue tan descontrolado e ineficaz, que llegó a ser una de las principales causas de la anexión y reorganización del país en departamentos, según el modelo francés (1795)” (44).

Imperialismo francés.

Las ‘repúblicas hermanas’, al igual que otros territorios ocupados, estaban obligadas a pagar impuestos extraordinarios y a mantener a los ejércitos ‘protectores’. Fuera cual fuera el montante de tales exacciones (que Godechot ha estimado en, por lo menos, 360 millones de francos entre 1792 y 1799), constituían una parte esencial de los ingresos del Directorio; quizá una cuarta parte en los años VI y VII” (44).

Imperialismo francés.

“Las agences d’extraccion de Bélgica y Renania en 1794, y los comisarios y generales que cruzaron el Rin en 1796, tenían instrucciones de mandar a París maquinaria mecanizada potencialmente útil, e incluso de destruir la maquinaria que compitiera directamente con la producción textil nacional” (44).

Antimilitarismo

Una última observación. No pocos GCP son fervorosos antimilitaristas, hasta el extremo de que sus integrantes están dispuestos a morir ejecutados antes que vestir un uniforme o empuñar las armas.

Movimientos mesiánicos. Federico Augusto Hain (siglo XIX)

“Sí, Federico Augusto es Cristo que ha regresado a la tierra. Y con un mensaje harto innovador: para él, la Biblia no es más que un libro fantasioso. En realidad, dios es un fluido universal a través del cual migran las almas.
Los hainianos, feroces anticlericales, son también decididos objetores de conciencia que se niegan con obstinación a ser soldados” (4).

Movimientos mesiánicos. Pedro Veriguín, dirigente dukhobor (siglo XIX)

“Durante el verano de 1890, es expulsado al puerto ártico de Kola y aprovechará esta reclusión polar para radicalizar la fe dukhobor. En 1893, envía a sus discípulos una directiva que les conmina a rechazar en lo sucesivo el servicio militar.
Esta campaña antimilitarista provoca efectos devastadores. De repente, el ejército se ve enfrentado a centenares de jóvenes reclutas que se niegan a empuñar las armas. Tras un primer momento de vacilación, los cosacos se lanzarán a la represión a ultranza. Los dukhobor se convierten en peligrosos conspiradores antizaristas…” (4).

Es una paradoja que el antimilitarismo radical sea uno de los temas recurrentes que se encuentran en buena parte de los GCP. A primera vista, este hecho contradice la dinámica militarista que hemos comentado en este apartado.

Pero la transición entre el pacifismo drástico y la violencia puede ser rápida y sorprendente. Tras la llegada de los primeros Dukhobor a Canadá en 1899 (principalmente por su oposición al alistamiento en el ejército zarista), no tardarían en producirse las primeras tensiones. En efecto, los miembros de la secta se negaban a la escolarización de sus hijos, así como a que, en contra de lo acordado, se les impidiera la vida en común y la posesión colectiva de la tierra. Tampoco aceptaron la ciudadanía británica que se les quiso imponer y mucho menos la obligación de jurar fidelidad a la Corona. El movimiento sufrió una nueva escisión entre quienes aceptaron las nuevas condiciones (los menos) y los seguidores de Pedro Veriguín, que emigraron a las tierras que éste adquirió, en las que pudieron seguir practicando su estilo de vida. Un tercer sector, el de los “Hijos de la Libertad”, se enfrentó violentamente a la autoridad, realizando ofensivas manifestaciones nudistas, provocando incendios y mediante la colocación de bombas en colegios públicos, puentes y juzgados. En total, más de mil actos violentos registrados que se prolongaron hasta la década de los 70.

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