Chapter 23

Bienestar

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Efecto terapéutico

En este capítulo del libro abordaremos una cuestión de indudable interés. La paranoidización puede actuar como un tratamiento sobre distintos trastornos mentales y estados de malestar psicológico. Sin embargo, no se trata en ningún caso de curaciones definitivas sino alivios o remisiones sintomáticas dependientes del propio estado de paranoidización. En su lugar, proporciona la sensación de seguridad e incluso e incluso de euforia.

El delirio terapéutico

Existe una larga tradición, que se remonta a Freud, que considera al delirio como la manifestación de un mecanismo defensivo -la proyección- con el que se evita el sufrimiento psicológico que produciría la emergencia a la conciencia de determinados impulsos o conflictos inconscientes. De este modo el delirio funcionaría como una especie de analgésico, el cual, aún sin eliminar las causas del malestar, por lo menos permitiría reducirlo. Por su parte, Castilla del Pino (6) señala, desde el punto del vista de la psicología del self, que el delirio cumple la función de mantener la autoestima al evitar el derrumbe en la depresión. Tal como permite augurar este modelo teórico, en la práctica clínica es habitual que la mejoría de la actividad delirante se siga de episodios depresivos.

Querulantes. Caso clínico.

“Cuando disminuyeron sus ideas delirantes en intensidad, reaccionó con una depresión que cedió sin medicación antidepresiva” (3).

Y, en sentido contrario, puede suceder que la mejoría del malestar subyacente produzca una disminución de la actividad delirante compensatoria.

Paranoia. Caso clínico.

[...] Me contaba en una entrevista como sus sensaciones de que la gente la controlaba estaban mucho mejor en ese momento que anteriormente. Le pregunté el porqué, y me respondió que era fácil, que ya no tenía que estar paranoide, dado que se sentía mucho mejor con respecto a sí misma” (57).

Los hallazgos del estudio de Lyon son coherentes con este enfoque. Los pacientes delirantes estaban ligeramente mas deprimidos que los controles según la escala de Beck. Sin embargo, no tenían la baja autoestima que correspondería a su estado depresivo sino igual o incluso algo más elevada que los controles sanos.

“La hipótesis de que los delirios persecutorios reflejan un estilo atributivo defensivo que protege al individuo de los sentimientos de baja autoestima quedó ampliamente apoyada por los datos recogidos en este estudio” (38).

En el caso de algunos curanderos, la instilación de creencias paranoides juega un papel central en sus tratamientos, los cuales serían eficaces para todo tipo de dolencias y trastornos mentales. Las ideas “delirantes” serían implantadas en el enfermo desde fuera, pero producirían la misma mejoría subjetiva.

Curanderismo. Caso clínico.

El Sr. C., ex albañil convertido en sanador profesional, debe su éxito a su capacidad para identificar y resolver la verdadera causa de los problemas de los pacientes que a él acuden. Atribuye los síntomas a envenenamientos realizados por alguna mujer. Los envenenamientos nunca los realizan hombres ni las mujeres de la familia. El sanador solicita de sus pacientes que le aporten un listado de las mujeres de su vecindario, con el nombre y primer apellido (el apodo no sirve). El sanador tiene la capacidad de identificar, entre las mujeres que aparecen en el listado, cuál ha sido la causante del mal. Provee a sus pacientes de amuletos y protectores y, mediante su poder mental, es capaz de hacer que todos los males provocados por la maléfica mujer se vuelvan contra ella. El enfermo sana transmitiendo sus dolencias a quién se las provocó.

En este y en otros caos, el delirio o la creencia paranoide suponen la identificación inicial de un culpable del malestar, trátese de la vecina o de una ley cósmica eterna e impersonal. Una vez identificado el responsable, es posible enfrentarse a él y vencerlo definitivamente. El sanador o el gurú sectario saben cómo.

Nueva Acrópolis.

“Cualquier malestar se considera que es debido a un mal karma que avisa de que hay que ir por donde marca el gurú” (46).

La siguiente cita sugiere que es al enfado -uno de los componentes de la conducta de enemistad- al que cabría atribuir el efecto terapéutico.

La relación paranoide. Tizón.

Tanto el Sr. P como el Sr. B, sufrían intensos accesos de ansiedad, con manifestaciones relacionales y somáticas, cada vez que tenían que permanecer en un grupo, cada vez que tenían que colaborar con alguien en trabajos o situaciones sociales o laborales
[...] cuando me enfado porque cojo a los otros queriéndomela jugar, entonces es cuando estoy mejor” (58).

El sectarismo terapéutico

Sokagakkai.

“La mayoría de los varios centenares de miembros de la Soka Gakkai que entrevisté en la pasada década dicen que sufrían de algún problema físico o psicológico o problemas cuando se unieron a la Soka Gakkai. La secuencia habitual de los acontecimientos es la de un miembro de la Soka Gakkai que se dirige a una persona angustiada para decirle que el ‘verdadero Buddhismo’ de Nichiren puede poner fin al dolor. Tras una considerable persuasión, el sufriente se une al movimiento. Con el tiempo, el poder del ‘verdadero Buddhismo’ hace efecto y el dolor desaparece” (42).

El estado de paranoidización inducida por las AP parece traer consigo al menos una consecuencia beneficiosa, a saber: la posibilidad de una notable mejoría en los trastornos mentales y el malestar psicológico que el individuo padecía anteriormente. Así lo sugieren los innumerables testimonios personales que aparecen en las publicaciones de los grupos sectarios, y así lo refieren a menudo los adeptos que acuden a consultas especializadas.

Grupúsculo sectario-leninista. SLA.

“Fahizah dijo que Cin le había salvado la vida cuando estaba completamente prisionera de las drogas, viviendo en la miseria y contemplando el suicidio. Tuvo que luchar duramente para superar su propia educación burguesa. ‘Pero valió la pena’, dijo” (19).

También en las revistas psiquiátricas aparecen case reports dispersos.

Grupos sectarios. Testigos de Jehová.

“Parece que la droga y los fármacos son necesarios para Rafael cuando puede nominarse a través de ellos: ‘soy toxicómano’, o ‘soy fármacodependiente’. Cuando consigue otra identidad: ‘soy testigo de Jehová’, las drogas dejan de interesarle” (36)

Las investigaciones sistemáticas más relevantes sobre el efecto terapéutico de los grupos sectarios son, sin duda, las que condujo Marc Galanter, administrando a los adeptos de dos grupos distintos la Neurotic Distress Scale, una escala autoadministrada elaborada por él mismo y en la que se valoraban algunas de las alteraciones psicológicas más frecuentes (ansiedad, depresión, ideas de suicidio, ideas de autorreferencia…). En los dos estudios, los adeptos se aplicaban a sí mismos la escala respondiendo a cómo se encontraban en ese preciso momento y se les pedía igualmente que se la administraran recordando cómo se encontraban justo antes de entrar en el grupo y poco después del ingreso. Reconociendo las evidentes limitaciones metodológicas del trabajo, los resultados que se obtuvieron con ambos grupos son los siguientes:

1) La gran mayoría experimentó una mejoría en su “malestar neurótico”.

Grupos sectarios. Moonies.

“La mayoría de los encuestados (91%) dieron respuestas que ofrecían un menor malestar neurótico en el período inmediatamente posterior a la conversión” (16).

2) Esta mejoría se solía mantener en el tiempo

Grupos sectarios. Moonies.

“La militancia continuada también parecía favorecer una cierta estabilidad en el estado psicológico, por las semejanzas en las puntuaciones medias de malestar neurótico justo después de la conversión y en el momento del estudio. Después de una media de casi 3 años, la mayoría de sujetos reconocían un nivel disminuido de malestar (16).

3) (…) pero no en todos los casos

Grupos sectarios. Moonies.

“Algunos sujetos refirieron un aumento del malestar en el curso de la militancia [...] Los miembros que habían referido una mayor mejoría de su malestar neurótico en el momento de la conversión tendían a volver a su nivel previo de malestar a lo largo de su militancia” (16).

4) Se pudo comprobar igualmente una notable disminución en el consumo de alcohol y drogas.

Por lo que respecta a los mGP, éstos podrían ejercer el mismo saludable efecto sobre el malestar psicológico. La práctica totalidad de autores inciden, por ejemplo, en la baja autoestima de los varones maltratantes.

Tiranía doméstica.

“Asociada a todas las característica y rasgos descritos se observa generalmente, aunque no de forma evidente y manifiesta, la baja autoestima de los hombres golpeadores” (9).

Tiranía doméstica.

[...] la falta de una vivencia personal de seguridad es una de las características salientes de estos hombres, que necesita ser sobrecompensada a través de una actitud firme, externa, autoritaria. Esta última tiene como objetivo obturar la debilidad interna que en el fondo existe(9).

El ejercicio ilimitado del poder y la violencia en sus reducidos feudos caseros permitiría a los tiranos domésticos compensar su escasa autoestima. Su pérdida, por el contrario, los sume en la desesperación.

Qué es lo que mejora

¿Cuáles son los trastornos mentales que mejoran con la conversión y con la militancia?

En primer lugar, el alcoholismo.

Grupos sectarios en general.

“Hay varias publicaciones sobre remisiones de patrones de abuso de alcohol [...] cuando los individuos se convierten a una secta(15).

Los cultos de crisis, que florecían entre pueblos sometidos a procesos de aculturación, tuvieron al menos una faceta positiva: frenar un fenómeno, el alcoholismo, ampliamente generalizado como respuesta a la disolución de los sistemas sociales y culturales tradicionales.

Cultos de crisis. Handsome Lake (s. XVIII).

“El efecto producido por las enseñanza de Handsome Lake sobre los seneca fue profundo y duradero. Los vendedores indios quedaban estupefactos al ver cómo se rechazaba su ron y en su lugar se les pedía agua de cebada azucarada” (29).

Además del alcoholismo, las AP también pueden reducir el abuso de otro tipo de sustancias.

Grupos sectarios. El Templo del Pueblo del Reverendo Jones.

“... tenía treinta y seis años y se presentó a sí mismo como un ex drogadicto de Detroit que se había integrado en el Templo del Pueblo para librarse de su vicio, y que se quedó hasta el mismo final” (28).

Grupos sectarios. Guru Maharaj-Ji.

“El grupo que contestó muchísimo a la pregunta ‘Antes de que recibieses el Conocimiento, ¿hasta que punto influían las drogas en vuestra vida?’ (un 34%), manifestó, ante la cuestión ‘¿Hasta qué punto ha cambiado el papel y el uso de las drogas en vuestras vidas el hecho de recibir el Conocimiento?’, que ‘Lo ha cambiado completamente’ (72%).
Cifras propagandísticas y errores metodológicos al margen (que los hay y fundamentales), estos datos -que deben ser medidos en el contexto sociológico de 1973- nos pueden hacer meditar sobre el efecto momentáneamente deshabituador (que no necesariamente rehabilitador) de algunas dinámicas sectarias intensas” (50).

Sokagakkai.

“Tal vez, una historia aún más ejemplar es la de un atleta al que llamaremos BB, quien formaba parte del equipo de gimnasia japonés en las Olimpiadas de Helsinki, pero en esa ocasión se lastimó el tendón de Aquiles. Fue tan grave la herida que sufrió que debió retirarse no sólo de los Juegos Olímpicos, sino también abandonar por completo la competición. Había dedicado toda su vida al deporte y este horrible accidente le hizo perder toda esperanza. Comenzó a beber, se enredaba constantemente con los rufianes con los cuales bebía. No pasó mucho tiempo sin que comenzara a abusar de los somníferos que consumía y esta adicción le llevó a un hospital psiquiátrico. Le dieron de alta al poco tiempo, pero de inmediato volvió a los somníferos y debió ser hospitalizado nuevamente. Este proceso se repitió hasta que BB descubrió las enseñanzas de Nichiren Daishonin. Decidió buscar apoyo en el Budismo. Entonces, motivado por su nueva fe, decidió renunciar a su hábito. Soportó durante seis días la tortura de la privación...” (22).

La militancia paranoide también es eficaz sobre otras conductas adictivas no relacionadas con los tóxicos.

Sokagakkai.

“El juego simplemente lo dejé. Lo dejé” (21).

Del mismo modo, el estado de ánimo puede mejorar con la paranoidización inducida por las AP.

Sokagakkai.

“Cuando pidió orientación, Toda le dijo a Osabe que, si bien hasta entonces no había triunfado mucho en la vida, no había sido derrotado en la fe, y que eso era un importante logro espiritual. Estas palabras de aliento le permitieron superar la depresión que sentía a causa de su fracaso en los negocios” (23).

Así como disminuir los impulsos suicidas

Sokagakkai.

“Desde ese día en adelante, un rayo de esperanza comenzó a brillar en una vida anteriormente dominada por el deseo de morir. El pesimismo y la decepción se esfumaron, a medida que practicaba la nueva religión. Siendo capitán de barco, tenía todo su tiempo para invocar daimoku, hora tras hora. Asistía a todas las reuniones de diálogo y se unía a los otros en las actividades de propagación” (23).
(…) o esfumarse las conductas psicopáticas.

Sokagakkai.

“Un ex convicto con un historial de extorsión, robo, uso de narcóticos y violación contó la siguiente historia: ‘Mi apodo era `El Oso.’ Me dominaba un impulso a rebanar a quienquiera que viera. Se me apartó de la banda. Todos los tíos duros, matones y gángster huían de mí.’ Tras salir de la prisión y antes de ingresar en la Gakkai, el hombre explicó que los vecinos le evitaban y fue despedido de varios trabajos. ‘Es por esta razón que estoy tan agradecido a los miembros de la Gakkai. Son los únicos que me tratan como a un ser humano y no se preocupan por mi historial pasado. Ahora soy un chikubu-cho [jefe de distrito]; ¿dónde en el mundo se daría un puesto de tal responsabilidad a un ex convicto como yo que se comportaba como un animal salvaje?” (60).

Que varones con personalidades inestables puedan equilibrarse al transformarse en pequeños tiranos, es una posibilidad compatible con el efecto terapéutico de la paranoidización.

Tiranía doméstica. Caso clínico.

“- Yo tenía una vida desordenada. Yo le agradezco a ella, porque me ayudó a ordenarme, ella era más hecha” (9).

No sólo podrían servir los GCP para disminuir el sufrimiento provocado por los trastornos mentales sino que también serían de gran ayuda en el malestar provocado por las crisis existenciales o las situaciones extremas.

Sokagakkai.

“Separada de un esposo tiránico, debió ganar el pan para ella y sus cuatro hijos. La muerte de su hijo mayor a causa de la hemofilia la sumió en la desesperación. Unos amigos le hablaron de la Nichiren Shoshu y comenzó a asistir a las reuniones de diálogo. Aunque carecía de todo conocimiento teórico, las enseñanzas le parecieron razonables y pronto ingresó a la organización. Al poco tiempo de practicar sintió que la vida le resultaba más llevadera(23).

Sectas en general.

“... Nicholi, por ejemplo, estudió a una serie de estudiantes de bachillerato relativamente bien adaptados que referían sentimientos de una considerable desesperación existencial antes de su conversión. Afirmó que encontró un sentido aumentado de propósito y una mejoría en las relaciones con los iguales después de las experiencias de conversión” (15).

GCP terapéuticos

La marcada mejoría que la paranoidización inducida puede propiciar en individuos con trastornos mentales explica que existan algunas AP dirigidas específicamente a pacientes con alteraciones psiquiátricas. En nuestro contexto se trata principalmente de asociaciones especializadas en el tratamiento de las adicciones. Son grupos que, por lo demás, en nada difieren de otros grupos sectarios. Siempre se dotan a sí mismos de una teoría peculiar y de unas intervenciones terapéuticas relativamente originales. De lo que no se percatan es de que las mejorías que logran dependen no tanto de sus métodos exclusivos de tratamiento como de su carácter sectario-paranoide. Al igual que el resto de grupos sectarios, exigen un compromiso vitalicio, exigencia que en esta ocasión se refuerza ante la evidencia del altísimo porcentaje de recaídas que se produce tras la salida del grupo.

Se da también el caso de aquellos grupos cuyo tema central no es el terapéutico (sino más bien religioso, filosófico, etc.) que crean “filiales” especialmente dedicadas al tratamiento. Los enfermos ingresan en casas aisladas en el entorno rural en las que, además de verse materialmente imposibilitados para abastecerse de su droga, son sometidos a las prácticas terapéuticas del grupo y a un plan de adoctrinamiento intensivo. De este modo, las filiales terapéuticas de los grupos sectarios resultan útiles para la actividad proselitista y, al mismo tiempo, sirven como fuente complementaria de ingresos.

La mayoría de grupos, evidentemente, no tienen ninguna finalidad terapéutica, ni crean sucursales especializadas en la deshabituación de toxicómanos, pero incluso en esta mayoría de AP “no terapéuticas” existe una clara conciencia de su potencial sanador.

Grupos sectarios. Testigos de Jehová.

“Con todos los problemas que la gente tiene en estos días, no es de extrañar que haya tantas enfermedades relacionadas con la tensión. Una abuela del Canadá describe su situación y cómo recibe alivio.
‘Estoy criando a un nieto de 11 años de edad, y hace poco asumí la responsabilidad de cuidar de una nieta de 14 años de edad. Padezco de los nervios, pero quería que supieran que cuando me siento deprimida, no solo oro a Jehová, sino que también hago otra cosa que es muy provechosa.
Dejo lo que estoy haciendo y me acuesto o me siento a escuchar las cintas de las Melodías del Reino. Cierro los ojos y, mientras escucho la música, despido de la mente otros pensamientos por medio de tratar de recordar lo que pueda de la letra de las canciones. Cuando me levanto, me siento mucho mejor y otra vez puedo seguir adelante’.
Usted también puede beneficiarse de estas composiciones musicales saludables y refrescantes. Cada uno de los seis casetes, Melodías del Reino 1, 2, 3, 4, 5, y 6, cuesta solo 300 ptas., y cada grabación dura aproximadamente una hora. Pida los casetes que se alistan abajo por medio de llenar el cupón adjunto y enviarlo por correo” (48).

También se han descrito mejorías de los problemas mentales durante las guerras, seguramente en relación con el paranoidismo transitorio que éstas acarrean.

“Las tasas de suicidio [...] disminuyen cuando hay mucho empleo y durante las guerras” (25).

De todos modos, pueblos desconocedores de la ciencia epidemiológica ya tenían conocimiento de los saludables efectos de las actividades bélicas.

Guerreros.

“En las sociedades tradicionales a veces se declaraban guerras sin otro propósito que el de sobreponerse a una pena. Los kwakiutls de la costa noroeste del Pacífico hacían muchas veces incursiones para cazar cabezas después de que uno de los suyos hubiera fallecido de muerte natural.
Daba igual que el pariente hubiese muerto de enfermedad en su cama o a manos del enemigo. La caza de cabezas se denominaba ‘matar para enjugarse los ojos’ y era un medio de desquitarse trasladando el duelo a otra familia” (13).

No se debe pasar por alto un hecho que limita la importancia del efecto psicoterapéutico. La mejoría no es definitiva, y únicamente se mantiene en tanto que se prolonga la pertenencia al grupo y el estado de paranoidización inducida. Los GCP no son útiles, en todo caso, como tratamiento curativo.

Grupos sectarios. El Patriarca.

“Y, de estos jóvenes, al menos un 64% recayó en la toxicomanía después de dejar la CT de El Patriarca” (50).

Seguridad

Un efecto estrechamente relacionado con el terapéutico es el siguiente: los IP afirman sentir una gran sensación de seguridad.

Paranoia.

“Un síntoma que regularmente acompaña a la manía querulante es el considerable incremento de la autoconfianza” (27).

Efectivamente:

Factor QIV del test 16PF.

[...] seguro…” (26).

Querulantes. Caso clínico.

- La verdad me hacía tener fuerzas para decir cosas.

La relación paranoide. Tizón.

En la situación analítica esa relación podía observarse porque, cuando se sentía perseguido por mí y se defendía de mi persecución despreciándome, zahiriéndome o amenazándome, se le podía ver realmente ‘seguro’, organizado, dueño de un amplio y elaborado lenguaje, con mayores capacidades cognitivas...” (58).

El aumento de la confianza es también una característica de otras patologías del espectro paranoide. Por sus maneras y por sus palabras los IP desprenden una envidiable sensación de aplomo y solidez. No muestran asomo de duda. Sus acciones son las correctas y sus taxativas afirmaciones, certeras. Prefieren tomar por sí mismos sus propias decisiones.

Factor QIV del test 16PF.

Autosuficiente, lleno de recursos, prefiere sus propias decisiones” (26).

Del mismo modo, la militancia en AP conlleva una reforzada sensación de seguridad.

Grupos sectarios. TFP.

“Socios y cooperadores de la TFP en la Basílica de Luján. Cabeza erguida, mirada serena, fisonomía alegre; actitud que nace de una Fe vigorosa, de la tranquilidad de conciencia y de la confianza en la protección de la Santísima Virgen” (8).

Nueva Acrópolis

Uno se siente seguro en el grupo, con la fuerza que da unirse en torno a un estandarte” (46).

Grupos sectarios. TFP.

“Cuando conocí al grupo sentí gran respeto. Era el primer respeto de mi adolescencia. Hablaban con firmeza, con seguridad en Dios y en su poder que nunca había escuchado antes en un sacerdote” (55).

Algunos dirigentes tienen una capacidad particularmente desarrollada para hacer que sus seguidores se sientan seguros.

Nazismo.

“Siempre, cuando oigo esta voz (la de Hitler), vuelvo conmocionado a mi casa. Soy como uno que se ha podido ver a sí mismo, como debía ser y como es. Esta voz despierta la conciencia y la encauza hacia el bien. Ella indica a todos no sólo el objetivo general, sino el objetivo de cada uno. Pero esto no es todo; ella da el valor para este objetivo, refuerza la voluntad y le da confianza en sus propias fuerzas; ella vigoriza estas fuerzas. Ella es un compañero, un escudo, un imán, una estrella brillante en la oscuridad” (Walfgang Brügge, citado en 62).

Pero la presencia del dirigente carismático no es imprescindible.

Sokagakkai.

“Junto a los logros materiales, los miembros activos de la Gakkai encuentran que el contexto del zadankai altera sus vidas. Su atmósfera envolvente de intimidad, entusiasmo, y confianza, en que el participante comparte sus problemas con otros creyentes, genera un sentido de seguridad” (60).

La diferencia principal entre la autoconfianza del IP y la del seguidor de la AP estriba en que éste último se siente seguro únicamente en la medida en que es arropado y protegido por el grupo, es decir, en tanto y en cuanto es capaz de confiar plenamente en el grupo, fundirse y someterse a una entidad que él ve como grandiosa y omnipotente. A veces, y no solamente durante las guerras, son auténticas mareas humanas las que, perdiendo su libertad, parecen encontrar su seguridad en el totalitarismo.

Nazismo.

“Tener un objetivo en la vida, la convicción de que la vida puede tener un sentido independiente de la religión revelada, que nos ha decepcionado; éste es el sentido que revela el Führer con irresistible fuerza de atracción... Tal justificación de la propia existencia, igual que el sentimiento de valor moral que la acompaña, también resulta atrayente para las masas...” (62).

La AP adoctrina a sus seguidores en la convicción de que es posible sentirse plenamente satisfechos y seguros si se entregan de lleno al grupo: primeramente, adoptando sus creencias, etc.

Sokagakkai.

“Pero la seguridad en sí mismo basada tan sólo en el apoyo del grupo es efímera. Antes que una seguridad derivada del hecho de ser miembro de un grupo, el individuo necesita una base firme que le permita progresar con la fuerza de sus propias creencias aun cuando esté completamente solo. ¿Dónde encontrará esta base? Estoy convencido de que la respuesta consiste en estabilizar los pensamientos y la filosofía de uno mediante un sincero y devoto estudio de las enseñanzas budistas de Nichiren Daishonin” (24).

Pero tan importante como la obediencia o la creencia ciega es el acto de depositar plenamente la confianza en el grupo o en su dirigente.

Grupos sectarios. C.E.I.S.

“...la confianza en el guía ha de ser total y nada malo puede sucedernos” (49).

Leninismo maoísta.

Debemos tener confianza en las masas, debemos tener confianza en el Partido. Estos son dos principios fundamentales. Si dudamos de ellos, nada podremos cumplir” (40).

La AP es vista como una especie de escudo protector, detrás del cual uno se encuentra al abrigo de los proyectiles que lanza el enemigo. Por el contrario, fuera el individuo queda indefenso.

Sokagakkai.

“... la nación que calumnia al Budismo Verdadero será privada de la protección de las deidades guardianas y se enfrentará con el desastre” (23).

De este modo, no hay por qué temer al porvenir. La AP, aún sin comprometerse realmente a nada concreto, ofrece una difusa garantía de que nada impedirá el bienestar y la felicidad futuros.

Sokagakkai.

“La mayor parte de ustedes son todavía demasiado jóvenes para tener riquezas, pero pueden estar absolutamente seguros de que son personas ricas por el hecho de que el destino aseguró el futuro de ustedes(24).

Nazismo.

“... Baldur von Schirach dijo: “Cada pimpf lleva ya el bastón de mariscal en su mochila. No son sólo los puestos de liderazgo en las Juventudes Hitlerianas lo que está a su alcance, las puertas del gobierno y del partido también le están abiertas. El que desde sus más tempranos días ha cumplido con sus obligaciones, ha sido diligente, leal y valiente, no necesita preocuparse por el futuro.” (Goebbels, citado en 59).

Sokagakkai.

“El trabajo ideal es aquel que a uno le agrada, que a uno le sienta, y que le hace bien a la sociedad. Les será fácil escoger, ya que pueden confiar en el Gohonzon, Ley fundamental que los dotará de ilimitada vitalidad para estudiar y superarse. Si son fieles y devotos en la veneración del Dai-Gohonzon, y si estudian y cumplen con su trabajo sin mezquinar esfuerzos, un día seguramente encontrarán el trabajo adecuado(23).

La AP deviene, ya lo hemos dicho, la coraza protectora frente al ataque de otros seres humanos

Utopía nacionalista. El contrato social.

La vida misma que han consagrado al Estado está constantemente protegida, y cuando la exponen en su defensa, ¿qué otra cosa hacen sino devolverle lo que de él han recibido?” (51).

Sokagakkai.

“Trata de recuperar todo lo que puedas, aunque tal vez no consigas nada. Pero así y todo, no creas que invocar daimoku te será inútil, aun cuando hayas perdido tus ahorros. No puedo saber bien cómo, pero la fe produce beneficios. Y debes sentir la convicción de que, ya que una vez fuiste capaz de ahorrar tanto, uno de estos días de alguna parte recibirás este dinero. Olvida los ahorros; dalos por perdidos. Sigue adelante con tu práctica, con toda devoción. Trabaja con ahínco, ahorra. Nunca más te volverán a estafar de esta forma, y tus nuevos ahorros permanecerán intactos(23).
(…) y frente a las embestidas de la enfermedad.

Cultos de crisis. Lauliwasikaw (s. XIX).

“No debían tener más que un sólo perro por familia, y el Creador les daría nuevas medicinas...” (29).

De este modo, la AP, despegada del mundo real y levitando en su propio universo de preocupaciones idiosincráticas, alienta una actitud despreocupada ante los problemas materiales.

Sokagakkai.

“Entonces, comprenderán que esta noche les estaba diciendo la verdad en Osaka. No caigan en el obstáculo de la duda. Acepten esta fe, y podrán dejar de preocuparse en el futuro(23).

Sokagakkai.

“Pero ahora volvamos al presente. Cada uno de nosotros desea ser comprendido, aunque a su vez cada uno se guarda algo para sus adentros. Aquí es donde entro yo. Los comprendo a todos mejor que nadie. Debido a mi comprensión, pueden consagrarse a sus tareas religiosas sin preocuparse. Es mi problema ocuparme de que sus capacidades y aptitudes sean aprovechadas al máximo” (23).

El adepto despliega comportamientos faltos de sensatez, e incluso temerarios, que derivan de la despreocupación y la autoconfianza desmesuradas. Las conductas irresponsables son asimismo características de los paranoicos.

Paranoia.

[...] vive por encima de sus posibilidades...” (27).

La temeridad del IPP le conduce a abandonar sin más todos sus bienes

Cultos de crisis. Keekhwei: profetisa ramkokamekra (s. XX).

“Por otra parte, prometía a los más generosos en sus ofrendas la riqueza futura. Confiando en estas recompensas, los indígenas vendieron la mayoría de sus bienes, principalmente los caballos y las armas de fuego...” (53).

Delirio de reivindicación.

“Su defecto de juicio y su inestabilidad les impulsa a lanzarse a temerarias empresas, a dilapidar su fortuna, a entusiasmarse con proyectos o invenciones quiméricas” (54).

Grupos sectarios. Una comunidad indígena pentecostalista en el Yucatán.

[...] la instrucción divina de quemar la propiedad personal” (17).

Cultos de crisis. El cargo melanesio (s. XX).

[...] el colegio y el trabajo ya no serían necesarios. Tanto era su carisma que las propiedades y el dinero fueron destruidos por quienes habían creído plenamente en sus creencias” (5).
(…), a rechazar trabajos o a abandonar su profesión.

Folie à deux. Caso clínico.

“A la chica le ofrecen un puesto de institutriz en Polonia; lo rechaza porque su ausencia perjudicaría el éxito de la empresa” (31).

Grupos sectarios. Energía universal.

Según refiere la familia de un adepto, éste abandona el trabajo en su restaurante para encerrarse a meditar en el baño durante media hora, en momentos de gran afluencia de clientes.

Cultos de crisis. Overá, dirigente guaraní (S. XVI).

“Estos, creyendo en sus profecías, se negaron no sólo a trabajar por cuenta de los invasores, sino también a cultivar sus propias plantaciones, para consagrarse exclusivamente a las danzas y cantos rituales” (53).

Delirio de reivindicación.

[...] abandonando su profesión, sin preocuparse por el porvenir y por sus verdaderos intereses, volcado por completo en su sed de venganza...” (54).

La autoconfianza excesiva, la temeridad, no sólo se pone de manifiesto en lo que el IPP abandona tras de sí, sino en las acciones descabelladas que emprende.

Reformadores.

“[Refiriéndose a las características “premórbidas” de estos sujetos] (…) la falta de previsión que emprende ciegamente aventuras que pueden llevar a la tragedia sin gran preocupación por el resultado final(11).

Los LP también se prestan a arriesgados desatinos…

Movimientos mesiánicos. El mesías de Yemen (siglo XII).

“Su influencia es tal que acaba por inquietar a las autoridades. Guion clásico: es detenido por la policía y conducido ante el rey árabe que gobierna Yemen. El soberano le pregunta si realmente obedece a la palabra de Dios. Nuestro hombre, seguro de sí mismo, responde afirmativamente. ¿Podrá demostrarlo mediante una señal? El mesías, sin alterarse, pronuncia entonces estas palabras: ‘¡Córtame la cabeza, y yo volveré a la vida!’.
No cuesta imaginar el estupor del rey musulmán. Este se inclina y ordena que le sea cortada la cabeza. Un verdugo se acerca, levanta el sable… y decapita al mesías de Yemen” (4).
(…) cuyas consecuencias pueden ser pagadas por sus seguidores.

Nazismo.

“La situación no podía ser más angustiosa para Alemania en la mañana de aquel 21 de abril de 1945. En el Este, desde el Báltico hasta los Balcanes, debían hacer frente a cinco grupos de ejércitos soviéticos. No menos de cinco millones de hombres que presionaban sobre un frente de 3.000 kilómetros. Por el Oeste, los aliados arrollaban cuanto se oponía a su avance hacia el Elba con más de dos millones de soldados. En Italia, hundida la Línea Gótica, la capitulación del Eje era inminente. Alemania no sólo se estaba batiendo en una inferioridad humana de uno a tres, sino que cada vez era más angustiosa la escasez de armamento, de combustible y de municiones, y, sobre todo, los aliados eran dueños absolutos del aire. En esa situación, lo único coherente hubiera sido capitular, pero Hitler no era, precisamente, un hombre sensato.
El 20 de abril había cumplido 56 años, y de aquellos días ha quedado la descripción de un coronel de Estado Mayor: ‘Avejentado, encorvado, con el rostro abotargado y de un enfermizo color rosáceo, pero su mirada era tan clara y calma como siempre, aunque quizá más dura de lo que yo recordaba. Su voz seguía siendo áspera y segura...’.
En efecto, Hitler era una ruina humana que arrastraba los pies al andar, se fatigaba hasta perder el resuello al subir cinco peldaños y sufría atroces temblores en su brazo izquierdo e, incluso, en su pierna de ese mismo lado, pero seguía confiando en su destino, en el providencialismo que siempre había guiado sus decisiones. La guerra cambiaría de curso, llegarían las nuevas armas que decidirían la victoria y, para que eso ocurriera, lo único que se precisaba era ganar tiempo. Por eso ordenaba resistencias numantinas y se negaba insensatamente a retirar tropas de lugares aislados: deberían quedarse allí, en Noruega, en Dinamarca o en Curlandia, para apoyar el contraataque victorioso que pronto se produciría.
Y, por si era necesario ganar algo más de tiempo, el día de su cumpleaños envió a la mayoría de sus colaboradores hacia los Alpes bávaros y austríacos para que acelerasen los preparativos de la fortaleza alpina, el ‘reducto inexpugnable’ en el que se resistiría hasta que llegasen las nuevas armas que proporcionarían la victoria” (56).

Exaltación

Erotomanía. Caso clínico.

“Interrogada sobre si ‘querría casarse con él’, lo niega, pero se muestra radiante, pues objeta que sería tan sólo cuestión de estudiar su carácter antes de decir sí, y que, por otra parte, no es la mujer la que tiene que declararse primero” (7).

Delirio de reivindicación.

“Frecuentemente, su exaltación, su apego a las utopías que tratan de llevar a cabo por todos los medios, les vuelve peligrosos (fanáticos de todo género, místicos, anarquistas, regicidas y magnicidas)” (54).

La literatura de las AP, y los relatos autobiográficos de adeptos y ex adeptos, sugieren que la militancia se asocia a menudo a una placentera elevación del estado de ánimo. Hay grupos sectarios en los que un aire de beatitud parece impregnar la atmósfera, los seguidores portan sonrisas perennes y dan muestras de la más perfecta felicidad. Como nos recuerda el psiquiatra canadiense Levine (33), la actitud hacia el examinador del adepto sectario más habitual es la de la desconfianza o la hostilidad manifiesta. Un segundo grupo de adeptos aprovechan la entrevista para hacer proselitismo de sus ideas, muestran folletos propagandísticos, etc., lo que no deja de resultar desconcertante. Pero habría un tercer grupo, que es el que ahora nos interesa, en el que predomina una actitud de excesiva cercanía, beatífica, con tintes hipomaníacos, aunque sin la característica contagiosidad del paciente bipolar. Esta exaltación no es sino el correlato grupal de los estados hipertímicos que ya Kraepelin observó en la paranoia.

En la literatura psiquiátrica la exaltación paranoide fue emparentada por algunos autores con la alteración que caracteriza las fases expansivas del trastorno bipolar, es decir, con la manía y la hipomanía.

Erotomanía. Caso clínico.

“Aunque reticente, aparece como ligeramente hipomaníaca; se trata también de un rasgo habitual” (7).

Delirio de reivindicación.

“Las anomalías de su conducta tienen otra causa: ‘sus pensamientos y sus sentimientos están activados por una fuerza maníaca’ dice Schüle, y esa es también la opinión de Magnan. Su necesidad de disputa es uno de los móviles de sus actos. La excitación intelectual permanece poco más o menos inamovible en ellos, con episodios paroxísticos; los momentos de calma o de depresión son ocasionales” (54).

Aunque los autores clásicos también resaltaron algunas diferencias.

Querulantes.

“Existe una cierta excitación intelectual que no es claramente una fuga de ideas, sino algo que se le acerca, de tal modo que algunos de nuestros maestros han podido hablar al respecto de manía intelectual” (11).

Carácter paranoico.

[...] se puede observar en situaciones que no siempre parecen reactivas, momentos de exaltación del humor, con hiperactividad, sobreexcitación psicomotora, pero sin ludismo, ni fuga de ideas...” (30).

Efectivamente, el discurso paranoide puede ser exaltado, prolijo e hiperbólico, pero no llega a disgregarse al modo del discurso maníaco; he aquí un ejemplo:

Fascismo italiano.

“En sus comienzos, el fascismo no era una capilla, sino un palenque; no era un partido, sino una agitación. Hoy día es un partido, un grupo, una milicia, una corporación. Y ello no basta, pues ha de ser también un nuevo modo de vida. Actualmente, debe haber italianos del fascismo, como bajo el Renacimiento hubo italianos del humanismo e italianos de la latinidad. Solamente creando un nuevo modo de vida pasaremos a la posteridad como una página de la historia, y no como la hoja de una gacetilla.
¿Y cuál es ese modo de vida? Ante todo, es el valor, la intrepidez, el amor al peligro, la repugnancia por el ‘pancismo’ cómodo y por el pacifismo cobarde. Es estar siempre prestos a atreverse, tanto en la vida individual como en la colectiva. Es aborrecer todo lo sedentario y todo lo rutinario. Es tener, en las humanas relaciones, la máxima franqueza. Es la conversación directa, clara, neta, frente a la vociferación clandestina, vil y anónima” (Benito Mussolini, citado en 20).

Los escritos paranoides también traslucen la misma exaltación.

Perseguidos-perseguidores.

“No solamente escriben muchas cartas, largas memorias, reclamaciones sin fin a todas las autoridades, panfletos contra sus enemigos que a menudo hacen imprimir para difundirlos o incluso colgarlos, sino que estos escritos, numerosos, difusos y de extensión desmesurada, contienen el enunciado de los mismos hechos y los mismos detalles repetidos incesantemente [...]
Las palabras se escriben con letras grandes o pequeñas, mayúsculas o minúsculas, a menudo subrayadas, en su totalidad o en parte, adornadas de figuras, de signos variados o de arabescos coloreados con tinta roja o azul, rodeadas por comillas o encuadradas en paréntesis, a menudo separadas por series de puntos, o seguidas de signos de interrogación o exclamación” (47).

Terminología y vivencia subjetiva

La vivencia subjetiva de exaltación/euforia se expresa en un conjunto de términos que aparecen reiteradamente en las descripciones clínicas y en la literatura de los GCP. Veamos cuáles son.

1) “Entusiasmo”.

Nazismo.

... ¡Hombres y mujeres alemanes! Estamos experimentando el más entusiasta renacimiento del pueblo alemán bajo el signo de la cruz gamada” (Peter Schmidt, citado en 20).

Fascismo italiano.

“Nosotros hemos creado un mito; el mito es una creencia, un sincero entusiasmo que para poder existir, no necesita ninguna realidad, pues es mero impulso, una esperanza, fe, ánimo” (Benito Mussolini, citado en 41).

Sokagakkai.

“Era un día cálido y lluvioso, y el acto había comenzado poco después de la hora en que la mayoría de los jóvenes salían de su trabajo. Así, entre los presentes se veía toda clase de vestimentas, pero cada uno de ellos lucía el mismo entusiasmo(23).

Leninismo maoísta.

“De lo que tenía miedo era de que se enfriara el entusiasmo de las masas que había impulsado el gran salto adelante” (12).

Leninismo maoísta.

“Lo que necesitamos es un estado de ánimo entusiasta pero sereno...” (40).

Cultos de crisis. Keekhwei: profetisa ramkokamekra (s. XX).

“El día en que la niña naciera, el héroe volvería para restablecer la justicia en la tierra. Entusiasmados, los ramkokamekra se apresuraron a propagar la noticia a través de las diversas aldeas de la tribu...” (53).

2) “Apasionamiento”, “ardor” …

Paranoia.

“Aunque habitualmente no muestren ningún trastorno conspicuo del humor, inmediatamente quedan arrebatados por un estado de excitación apasionada al discutir sus juicios...” (27).

Falangismo.

“Falange Española Tradicionalista y de las J.O.N.S. quiere un orden nuevo, enunciado en los anteriores principios [...] Su estilo preferirá lo directo, ardiente y combativo” (Primo de Rivera, José Antonio. “Norma Programática del Movimiento”, citado en 20).

Sokagakkai.

“Por supuesto, abrigo grandes esperanzas en cuanto a las contribuciones que puedan hacer para asegurar la paz y la felicidad mundiales aquellos individuos que actuando en muchos y diferentes campos han adiestrado sus ojos para ver la verdad, individuos que arden con el fuego de la fe(24).

Sokagakkai.

“Refiriéndose al estudio de las escrituras del Daishonin, el segundo Presidente de la Soka Gakkai Josei Toda dio las siguientes orientaciones, ‘Cuando leo las escrituras del Daishonin en vez de tratar de entender cada palabra y frase, trato de sentir una gran compasión como el Buda, su espléndida convicción, su espíritu apasionado por salvar y proteger a las personas y su noble e incesante esfuerzo por lograr el kosen-rufu. Cuando leo el Gosho, su espíritu penetra mi corazón como un ardiente sol de pleno verano a medio día. Una pasión vehemente como el hierro candente comienza a emerger de mi pecho. A veces siento como si un manantial hirviera dentro de mí o como si una cascada resonante invadiera mi ser” (61).

3) “Energía”, “vitalidad”

Sokagakkai.

“- Siguiendo la orientación de Toda, a pesar del sombrío panorama, realicé con toda devoción el gongyo de la mañana, de la tarde y aun de la medianoche, y participé en todas las actividades que pude. Pronto sentí que una gran vitalidad surgía dentro de mí. Entonces, para mi sorpresa, recibí un ventajoso pedido para fabricar una partida mensual de repuestos con un margen de ganancia provechoso” (23).

Personalidad paranoide.

[...] que al mismo tiempo son enérgicos...” (1).

4) Alegría

Grupos sectarios. El Patriarca.

“... Aleluya, Gloria al día,

De esta inmensa alegría

[...]

Lucien está con nosotros,

El nos guía en nuestra vida” (44).

5) Felicidad…

Fanáticos de la naturaleza. Caso clínico.

“Nuestro enfermo, es manifiesto, es un libertario, pero su naturismo estalla con fervor en medio de sus rencores. Pasa horas de deliciosa felicidad cuando, llegado a la cima de una montaña, se da la vuelta y ve entre los valles la naturaleza floreciente bañada de luz, tiene intensas visiones de los lugares por los que ha pasado, y su capacidad para el recuerdo y la evocación son la prueba de su poderosa admiración. No se siente cómodo en las ciudades donde, dice, ‘el esfuerzo humano de los que han construido los palacios se posa pesadamente sobre él’. Tuvo no obstante una gran impresión ante el Coliseo, pero son los vastos espacios, el aire libre, el encanto de un bello camino sombreado en que se respira a pleno pulmón en la luz de una mañana soleada, lo que prefiere nuestro agorafílic” (11).

Querulantes. Caso clínico.

“Se describía como ‘nunca más feliz que cuando soy atacado, dado que me da un propósito en la vida” (52).

Sokagakkai.

“Un miembro fuerte experimenta la sensación de encontrarse ‘en ritmo’ con el mundo.
Empecé a cantar no por cosas materiales sino por cambios realmente grandes en el interior de mí mismo. Por consiguiente, me llevó al principio mucho tiempo ver los beneficios. Pero después de seis meses de cantar, tomé una decisión que fue verdaderamente central para mí. Después, de una manera consistente he venido obteniendo esas grandes cosas todos los días de mi vida. No siempre parece que será para bien, pero de algún modo he aprendido cómo enfrentarme a mis situaciones y ser realmente feliz me pase lo que me pase. Mi más reciente beneficio es el del ritmo. Al cantar entras en un ritmo real. Las cosas parecen suceder en el momento apropiado” (21).

Nazismo.

“Nuestra comunidad del campamento era un diminuto modelo de lo que yo me imaginaba como Comunidad del Pueblo. Era un modelo perfecto. Nunca, antes o después, he vivido en ninguna otra comunidad similar... Todas nos esforzábamos en ser altruistas y generosas. El vivir aquel modelo de comunidad popular, con sentimiento tan intenso de felicidad, hizo que se formara en mí un optimismo al cual me así testarudamente hasta 1945. Basada en estas experiencias, creía que el ejemplo de nuestro campamento algún día se dejaría amplificar hasta lo infinito. Si no en la actual generación, seguro que en una de las futuras generaciones” (Melita Maschmann, citada en 62).

Grupos sectarios. Niños de Dios.

[...] ¡Pero somos felices y siempre estamos riendo, cantando y aun bailando mientras alabamos al Señor!... Y es este mismo gozo, felicidad y comunión obviamente amorosa, la que es tan atractiva a los demás” (43).

De hecho, las AP se muestran convencidas de que ellas y sólo ellas pueden aportar la felicidad. Esta certeza acompaña a los adeptos durante su militancia, a menudo contra toda evidencia empírica. La abundante literatura de las AP nunca se cansa de recordarles a los adeptos y a los potenciales prosélitos lo felices que son.

Sokagakkai.

“-La felicidad está absolutamente asegurada para el que abandona las falsas religiones y acepta el Budismo Verdadero” (23).

Sokagakkai.

Los eruditos escogidos por la NHK tal vez hubieran estudiado las doctrinas de las denominadas religiones establecidas, y tal vez estuvieran influidos por el ‘Budismo de Londres’, como decía Toda, pero casi con toda certeza ignoraban la vívida felicidad que experimentan los miembros de la Soka Gakkai que aplicaban las enseñanzas del Budismo Verdadero a la vida de todos los días. Para Toda, el programa radiado sería una especie de shakubuku” (23).

Grupos sectarios. Testigos de Jehová.

“¿Cómo alcanzamos felicidad mediante el libro de Revelación? Lo hacemos al desentrañar el significado de sus vívidas señales o símbolos, y obrar en armonía con lo aprendido” (2).

Ahora bien, para desentrañar el Apocalipsis basta con saber escuchar la auténtica interpretación que le ha sido revelada sólo a sus Testigos directamente por Jehová. Por lo tanto, la felicidad que proporciona el libro sólo se puede disfrutar previo ingreso en la iglesia de los TJ.

La alegría contagiosa puede difundirse también en el seno de grandes poblaciones, como sucedió durante los preámbulos del Gran Salto Adelante y en las primeras etapas del mismo, antes de que la hambruna enfriara los ánimos.

Leninismo maoísta.

“Las masas populares nunca han estado como ahora tan animadas y tan llenas de audacia y combatividad” (40).

Resulta bastante inexplicable el hecho de que algunas mujeres maltratadas refieran ser felices, pero así sucede.

Tiranía doméstica. Caso clínico.

“Algunos días llegaba al mercado más tarde de lo habitual, con un maquillaje más marcado de lo normal que dejaba entrever varios hematomas, y unas gafas de sol a través de las que miraba su borrascosa vida. Y aún así, decía ser feliz. Que su marido era un buen padre, aunque tenía un poco de mal genio, como el del ramito de violetas de la canción, pero era porque la quería mucho” (37).

6) “Éxtasis” ...

Llevado a su máxima expresión, el entusiasmo se transforma en éxtasis. Tradicionalmente, éxtasis es un término de connotaciones principalmente religiosas y se refiere al estado de arrebato que se produce en el místico ante la presencia de lo inefable.

Delirio místico. Caso clínico.

“Todos los viernes se impone con alegría una oración que dura tres horas –¡las tres horas de agonía! - durante las cuales siente todos los sufrimientos de Cristo crucificado; pero sus sufrimientos pronto se transforman en una beatitud infinita.
Todo deviene felicidad en su arrebato místico; nunca siente escrúpulos ni ansiedad; siente la euforia de la certitud que le da su perpetuo amor” (11).

Pero lo cierto es que las experiencias de alegría extrema no son un territorio reservado ni al místico ni a la religión. Algunos LP laicos son capaces de despertar esos mismos estados entre sus seguidores.

Nazismo.

“El embajador francés en Alemania, Robert Coulondre, describe así el éxito de Hitler, de Baldur von Schirach y de todos los demás con sus llamadas a la juventud: ‘Decenas de miles de chicos y chicas, con sus uniformes pardos y blancos están repartidos sobre los escalones del gigantesco Estadio Olímpico de Berlín... Los cuellos se estiran, los ojos brillan. Se palpa la emoción interior que conmueve a esta gente joven, la religiosa pasión que les embarga. Baldur von Schirach anuncia al Führer como San Juan Bautista anunció al Mesías. Cuando aparece Hitler -con retraso, como siempre- una especie de éxtasis místico agita a la masa, y los primeros gritos que se oyen, antes de pronunciar su credo, suenan como sollozos. Esta juventud fanática nos atacará sobre el Maas” (62).

El auténtico éxtasis, aquél en que la experiencia de felicidad supera las cotas más elevadas, cursa con una cierta desconexión del entorno.

Reformadores. Magnicidas.

“Los magnicidas nunca parecen ser improvisadores, pero cuando leen sus obras o las recitan de memoria, experimentan una beatitud cercana al éxtasis, y Guiteau, del que habla Cullere, en el momento de su proceso se había llegado a abstraer completamente del medio en que se encontraba para alcanzar el arrobo que disfrutaba declamando su oración sobre el apóstol San Pablo” (11).

7) Otros términos.

Sokagakkai.

“Los habían designado líderes de la filosofía de vida capaz de traer la felicidad a la humanidad: los jóvenes se estremecían de dignidad y orgullo, y el sentido de la misión los hacía vibrar(23).

J.O.N.S.

“Las páginas de Ramiro Ledesma –escribió en un aniversario el desaparecido escritor Celso Collazo- son ese mensaje preciado, enderezante, iluminador que los jóvenes requieren y ansían siempre, el que les hace ver, el que les abre bulliciosamente la conciencia, el que les galvaniza el corazón” (32).

Como sucede a menudo con las emociones en general, al adepto del GCP le resulta difícil hablar de sus intensas vivencias de exaltación, euforia o éxtasis, y puede intentarlo a través de la poesía.

Sokagakkai.

“A las dos de la mañana del 9 de julio, día siguiente a las elecciones, me inundó una emoción tan poderosa ante el futuro de la Soka Gakkai, que tuve que expresarla en un poema: ...” (23).

En poemas como éste:

Nazismo.

“Bebimos tu nombre en secreto

cambiando, escondidos, rápidas palabras.

Para nosotros era como joven vino seco,

que sólo alegra, sin embriagar” (Mirko Jelusich, citado en 62).

La guerra

Es completamente contrario al sentido común que la guerra pueda desencadenar -entre los partícipes de la misma- vivencias de euforia y éxtasis, habida cuenta de sus efectos mortíferos y devastadores. Pero así sucede.

Nazismo.

“En cualquier caso, lo que es indudable es que la guerra era para Hitler una experiencia de intensidad religiosa. En Mein Kampf decía haberse sentido ‘arrebatado por un entusiasmo extático’ cuando estalló la guerra” (13).

Nacionalismo.

“Poco después del final de la contienda [se refiere a la I Guerra Mundial], el psicólogo estadounidense G.E. Partridge observaba que en la guerra, pese a sus reconocidos horrores, había dominado un estado de ánimo ‘extático’. Basándonos en la obra de los psicólogos alemanes de principios de siglo, Partridge enumeraba, de una forma que hoy no puede menos que resultar pintoresca, los diversos aspectos ‘extáticos’ de la guerra: el heroísmo, el entusiasmo de la ‘participación en grandes acontecimientos’ o la embriaguez de la victoria (Ksiegestrunkenheit), la ‘alegría de superar el dolor de la muerte’, y, como resumen de todas esas emociones arrebatadoras, la ‘embriaguez social, el sentimiento individual de formar parte de un organismo y la sensación de perderse en un todo superior’. La emoción de formar parte de una enorme multitud, de abandonar las responsabilidades cotidianas para salir a la calle, de presenciar ‘grandes acontecimientos’ como la declaración de la guerra; todo esto era una buena fuente de ‘éxtasis’ para millones de personas que nunca llegarían a ver los combates” (13).

Incluso aquellas personas menos predispuestas, a priori, a los ardores bélicos, acabarían viéndose henchidas de entusiasmo guerrero.

Nacionalismo en general.

“Casi nadie logró mantener la compostura ante las incipientes hostilidades. Rainer Maria Rilke sintió la necesidad de escribir una serie de poemas encomiando la guerra; Anatole France se ofreció a alistarse a la edad de setenta años; Isadora Duncan recordaba haber estado ‘toda inflamada’ por la guerra. Los socialistas se agruparon bajo las diversas banderas nacionales, olvidándose, de la noche a la mañana, de la ‘clase trabajadora internacional’. Muchas feministas, como la inglesa Isabella Pankhurst, abandonaron la lucha por el sufragio para entregarse al patrioterismo militante, contentándose con organizar a las mujeres en apoyo del esfuerzo bélico. ‘La guerra es terriblemente emocionante, pero no puedo seguir viviéndola’, escribía una sufragista británica. ‘Es como estar borracha todo el día’. Incluso algunos pacifistas, como el novelista alemán Stefan Zweig, sintieron la tentación de prescindir de sus escrúpulos para sumarse al gran ‘despertar de las masas’ provocado por la guerra. En la India, el joven Gandhi exhortaba a sus compatriotas a alistarse en el Ejército británico; y hasta Freud perdió brevemente la perspectiva de la situación, como ya se ha dicho, y ‘entregó toda su libido a Austria-Hungría” (13).

Esta respuesta refleja, instintiva, ante la catástrofe segura que supone siempre una guerra probablemente esté mediada por la paranoidización colectiva derivada de la percepción de una amenaza seria e inminente.

Por definición, la guerra es un asunto de las naciones y de los Estados, y un individuo no puede hallarse en estado de guerra. Pero hay paralelismos. El IP tiende a establecer una relación hostil frente a individuos o grupos de su entorno con los que no caben más que dos grandes respuestas: la huida o el ataque, el equivalente de la guerra. Pues bien, como nos recuerda Tizón con su terminología psicoanalítica:

La relación paranoide. Tizón.

Es muy importante lograr meter sus heces / perseguidores en los demás, objetivo consciente e inconsciente que, si se consigue, a menudo le hace sentir una emoción hipomaníaca de triunfo («te he jodido»)” (58).

Hiperactividad

Si dirigimos ahora nuestro interés desde el área de las emociones a la conducta, el rasgo más llamativo, y que en buena medida también nos recuerda a la manía, es la hiperactividad.

Querulantes.

La intensa e incansable lucha en pos de la verdad, la energía aparentemente ilimitada y la autoimportancia a menudo aumentada pueden asemejarse a un estado maníaco, creando en consecuencia problemas de diagnóstico diferencial” (39).

Factor QIV del test 16PF.

[...] vigoroso, forzudo, voluntarioso…” (26).

Ya hemos comentado la hiperactividad paranoide en el capítulo sobre la hiperjerarquización, por lo que aquí no insistiremos más en ello. De todos modos, hay que recordar que esta hiperactividad se diferencia de la maníaca en el hecho de estar dirigida a un fin nítidamente determinado.

Delirio de reivindicación.

[...] No existe en este punto ninguna diferencia fundamental entre un proceso encarnizado por obtener la reparación de una negación de justicia, pretendida o real, o tal buscador de la piedra filosofal que despilfarra su energía y su fortuna en pos de proseguir en vano trabajos de laboratorio, o tal sociólogo ensoñador cuya combatividad se emplea en propalar sus teorías y en perseguir su realización” (54).

En los grupos sectarios, uno de los objetivos por el que los adeptos suelen esforzarse incansablemente es el proselitismo. A modo de curiosidad, hay que mencionar la hiperactividad sexual tan habitual en los maridos celosos, y que con frecuencia imponen o intentan imponer a sus mujeres.

Celosos.

“El deseo de dañar a menudo coexiste con un aumento del deseo sexual...” (14).

La hipersexualidad del celoso procede de la necesidad de demostrar su hombría. El celoso les conferiría a sus coitos ese componente de deber (deber de macho) que tienen otras formas de hiperactividad paranoide.

Contagio eufórico

La exaltación anímica del miembro del GCP tiene un notable carácter contagioso, por lo que se incrementa especialmente durante las reuniones del grupo, más cuanto más concurridas sean éstas. Todos los GCP se esfuerzan por reunir periódicamente a sus seguidores y quien no participa deja de pertenecer, de facto, al grupo.

Sokagakkai.

“En el mismo artículo el entonces Presidente Ikeda afirma, ‘Los encuentros de discusión tienen éxito sólo cuando las personas se sienten tan estimuladas que salen de la reunión con un sentimiento de entusiasmo(21).

Grupos sectarios. Moonies.

“Un mundo donde las personas se traten los unos a los otros con amor y respeto’, pensé para mis adentros: ‘¡Que idealistas son estas personas!’.
Disfruté con las estimulantes conversaciones y la atmósfera de entusiasmo de la reunión” (18).

A veces podría pensarse que el inductor de las vivencias de euforia es una determinada técnica o actividad, más que el contagio emocional.

Sokagakkai.

“Pensé que el grupo era un tanto extraño, pero me avine a probar con los cánticos. Conseguían transportarme a lo más alto. Compré un gohozen, contraje matrimonio con Nancy y permanecí en el grupo durante más de cinco años” (18).

Los movimientos totalitarios estudiaron y también aplicaron técnicas tendentes a la provocación de estados de euforia y éxtasis masivos.

Fascismo.

“La atmósfera inédita de las reuniones fascistas impresionó a muchos observadores en los años veinte y treinta. Todos los movimientos de masas utilizaban símbolos y diversos medios para despertar emociones, y podría resultar difícil establecer que la estructura simbólica de las reuniones fascistas fuera enteramente distinta de la de otros grupos revolucionarios. Lo que parecía claramente diferente, sin embargo, era la gran importancia que se daba a las reuniones, mítines, desfiles, símbolos visuales y ritos ceremoniales o litúrgicos, que en la actividad fascistas tenían un carácter central y una función que iba más allá de lo que se encontraba en los movimientos revolucionarios de izquierda. Su objetivo consistía en envolver a los participantes en una mística y una comunidad de ritos que apelaba a lo estético y lo espiritual tanto como lo meramente político” (45).

Fascismo.

“Descripción tipológica del fascismo

[...] Importancia de la estructura estética de las reuniones, de los símbolos y de la liturgia política, insistiendo en los aspectos místicos y emocionales” (45).

Nazismo.

“Banderas, vítores, charangas, columnas en marcha, manifestaciones de masas en el palacio de deportes, en Nuremberg y en Bückeberg, hogueras, antorchas, pancartas y derroches de luz, todo el arsenal de estos ‘estimulantes para la provocación de estados de éxtasis masivos’, constituía la base de su propaganda” (62).

Ahora bien, los cánticos, las antorchas, los rituales, surten -por sí mismos- poco o ningún efecto euforizante si es un solo individuo quien los realiza; hace falta que el grupo se reúna para que se pueda producir el contagio y los ánimos se eleven.

En la generación de estados de entusiasmo colectivo juega asimismo un papel central el LP, dotado de un carisma que le permite actuar como auténtico foco emisor del contagio eufórico.

Nazismo.

“Al principio hablaba dubitativo y tímidamente como si buscara las palabras correctas con que formular sus ambiguos pensamientos. Entonces, repentinamente, su discurso tomó impulso. Me quedé sobrecogido. Escuché. La gente empezó a agitarse. Yo sentía, alternativamente, frío y calor. Una llama me atravesó. Era una orden. En ese momento renací. ¡Ya sabía qué camino tomar!” (Goebbels, citado en 59).

El carisma del LP no opera únicamente a través de sus discursos o palabras; sus actos pueden producir el mismo impacto.

Grupos sectarios. Baba y su Familia.

“De hecho, la entrega a Baba llegó a ser el fin espiritual central de los miembros de la Familia. Los devotos decían que experimentaban el éxtasis cuando eran golpeados por el guru” (10).

La euforia del seguidor se solapa con los sentimientos de amor y solidaridad sobre los que ya hemos hablado en páginas anteriores. Pero estos reconfortantes vínculos solidarios, asociados a la exaltación del ánimo, no van de la mano con ninguna relación personal, e incluso se producen entre perfectos desconocidos. Son auténticos espejismos emocionales que se desvanecen en cuanto cede la euforia paranoide.

Nazismo.

“Aunque estoy muy cansada, no puedo dormirme. Los acontecimientos que han tenido lugar durante el día me han sensibilizado con un entusiasmo tal que, a pesar de lo tardío de la hora, no puedo por menos que tomar mi diario para escribir en él lo que tan profundamente me ha afectado...
Estábamos rodeados de un magnífico panorama cuando entramos en la ciudad. Las calles eran una verdadera selva de banderas. En cada casa ondeaban los orgullosos estandartes de Alemania. Guirnaldas y una profusión de flores decoraban las calles. Había alegría por todas partes...
Hacia el final Hermann Goering se levantó de nuevo para dirigirnos un encendido discurso. Su llamada por la libertad de Alemania sonaba como una oración para la redención de nuestro pueblo de cualquier despotismo extranjero... Después de cantar el himno nacional, nos sentamos todos alrededor del fuego y cantamos nuestras canciones. Goering entró en el círculo y permaneció de pie, erguido. Era un cuadro glorioso, con el héroe rodeado de los fuegos de solsticio. Su cara quedaba sumida un poco en la oscuridad, ya que las llamas no le alcanzaban de frente. Yo tenía la suerte de hallarme sentada exactamente detrás de él. Con súbita decisión salté hacia él y mantuve mi antorcha por encima de su cabeza, alumbrando su rostro radiante. Llegó entonces un gran momento para mí: se volvió y me dio las gracias. Mi felicidad era máxima...
Mientras tanto me di cuenta de que un hombre de las SA se había situado a mi lado... El me miraba con expresión alegre y brillante aprobando mi entusiasmo... Nunca olvidaré esas horas. Sus ojos penetraban hasta los más profundo de mi ser, su mirada era poderosa, penetrante, pero en ningún modo inoportuna. Sentía el recorrido de sus ojos en los más profundo de mi corazón, y creo que me hubiera sido imposible mantener secreta ninguna cosa que él hubiera deseado conocer acerca de mí...” (Gudrum Streiter, citado en 20).

Para concluir diremos en primer lugar que, como sucede con la heroína, el efecto euforizante es característico principalmente de las primeras etapas de la militancia y tiende a atenuarse con el paso del tiempo.

El psicólogo humanista norteamericano Abraham Maslow situó las peak experiences en la cima de las motivaciones humanas, alentando el desarrollo de un sinfín de técnicas y movimientos terapéutico-espirituales que combinaban el logro del “crecimiento personal” con la provocación de experiencias cumbre. Fue Lifton quien matizó que tales experiencias podían tener un lado menos brillante.

“El mismo totalitarismo ideológico puede ofrecer al hombre una experiencia cumbre intensa” (34).

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